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Discurso pronunciado por el Presidente Hipólito Mejía, por radio y tv, el  lunes 6 de noviembre de 2000.

PUEBLO DOMINICANO:

El pasado 16 de agosto asumimos la Presidencia de la República.
Durante estos ochentitrés días, hemos realizado un cuidadoso balance a la situación económica, social e institucional que heredamos de la pasada administración.
El balance que presentaré a continuación persigue mostrar a todos los dominicanos, qué fue lo que recibimos y las restricciones que esa herencia impone a nuestro plan de Gobierno.

Conocida la herencia recibida, aspiramos sólo a la comprensión de un pueblo que ha cifrado en nosotros esperanzas de un futuro mejor. El pasado 16 de agosto encontramos un Gobierno con cuentas fiscales seriamente lesionadas. El déficit de todo el sector público ascendió a 7,246 millones de pesos durante el período comprendido entre el 1ro. de enero y el 16 de agosto de este año.


Una buena parte de ese déficit se cubrió como se hacía en los tiempos de Lilís, imprimiendo papeletas. Para cubrir el agujero fiscal, el Banco Central y el Banco de Reservas emitieron dinero a través de créditos al Gobierno y al resto del sector público.
El pueblo se preguntará cómo pudo el pasado Gobierno contener la inflación y la devaluación, si había emitido miles de millones de pesos inorgánicos. La explicación es muy sencilla. Mientras el Banco de Reservas y el Banco Central utilizaban su mano derecha para entregar miles de millones de inorgánicos al Gobierno, utilizaban la izquierda para quitarle montos similares al sector privado.


En los primeros 8 meses de este año, el Banco de Reservas y el Banco Central, concedieron créditos y dinero sin respaldo al Gobierno por un monto total de 4,300 millones de pesos. Para neutralizar ese torrente de emisiones inorgánicas, el Banco Central le sacó dinero de los bolsillos al sector privado. ¿Cómo lo hizo? Vendiendo los llamados certificados de participación, que pagan tasas de interés de hasta 20 por ciento.


Al 16 de agosto pasado, el Banco Central exhibía en su balance financiero certificados de participación en poder de los bancos, empresas privadas y personas, por un valor total de 6,377 millones de pesos. Esta es una deuda sumamente costosa.


Este año, el pago de los intereses sobre esos certificados de participación, le costará al Banco Central 960 millones de pesos. La política monetaria restrictiva que mantuvo el Banco Central en los primeros 8 meses de este año, provocó un aumento en las tasas de interés.


Esa política, que nos hemos visto precisados a continuar de manera transitoria y que fue flexibilizada hace pocos días por la Junta Monetaria, ha dado como resultado tasas de interés verdaderamente insoportables.


Muy pocas actividades productivas, para no decir ninguna, resisten tasas de interés que han superado el 30 por ciento.Es cierto que una parte del déficit fiscal que heredamos tiene su origen en la crisis del petróleo.


En 1999, los ingresos del diferencial del petróleo ascendieron a 3,648 millones de pesos. En los primeros 8 meses de este año, apenas llegaron a los 900 millones. Al colapsar los ingresos del diferencial, surgió un creciente faltante de pesos para pagar la deuda pública externa, lo que afectó al Banco Central.


Para cubrir parcialmente este faltante, se elevó la comisión de cambio que cobra el Banco Central hasta llevarla a un 5 por ciento. Las pasadas autoridades evadieron la responsabilidad que exhiben los estadistas frente a coyunturas difíciles. Por ello, quisieron trasladar el costo político del ajuste de los precios de los combustibles al Gobierno que se inició hace dos meses y medio, aumentando el déficit fiscal. La mayor parte del déficit fiscal, sin embargo, tuvo su origen en una política expansiva del gasto público. Se repitió de nuevo el fatídico ciclo político que apunta a un aumento del gasto público en los meses previos a las elecciones.


El gasto público se disparó. Una buena parte se financió con los impuestos existentes. Otra parte con emisiones sin respaldo. El resto, con endeudamiento interno.No sería sincero con el país si dijese ahora cuánto es el monto de la deuda pública interna que el Gobierno heredó el pasado 16 de agosto. Sí sabemos que pasa de 25 mil millones de pesos.


Todavía no hemos terminado de reunir todas las informaciones. Lo que sí puedo decirles es que el Gobierno anterior se endeudó de manera excesiva e irresponsable. Consumió energía eléctrica y no pagó a las empresas distribuidoras. Pidió que prendieran las plantas de generación de electricidad y tampoco le pagó a las empresas generadoras privadas ni a las capitalizadas. Acordó con los contratistas la construcción de obras y la mayoría de ellos quedaron sin cobrar. Compró a los suplidores de bienes del Estado miles de millones de pesos y los dejó en la bancarrota.



Se estima que la deuda de la CDE con las empresas generadoras privadas, la cual está siendo cotejada y renegociada por el Gobierno, está en los 82 millones de dólares. Por otra parte, la deuda del Gobierno con las empresas distribuidoras de electricidad por consumo de energía asciende a 26 millones de dólares. Ambas deudas equivalen a 1,771 millones de pesos. Cuando más nadie en el sector privado estuvo dispuesto a fiar, el Gobierno y las empresas públicas recurrieron al Banco de Reservas y al Banco Central.


Por esta razón el Gobierno pasado dejó una deuda de 4,175 millones de pesos con el Banco de Reservas. Las empresas de CORDE dejaron otra deuda con el mismo Banco por 174 millones.

El CEA no se quedó atrás, y dejó una deuda con el Reservas de 676 millones. La CDE dejó otra por 581 millones.El INESPRE, también dejó la suya, ascendente a 200 millones. Molinos Dominicanos se privatizó, pero dejó una deuda en el Banco de Reservas de 246 millones.


Para completar el escenario, existe una deuda no documentada por 708 millones de pesos y otra de 372 millones, cuyo vencimiento transcurre en el presente año. En resumen, la deuda consolidada del sector público con el Banco de Reservas
alcanza los 7,837 millones. Pero también dejaron deudas con el Banco Central. El crédito interno neto del Gobierno con el Banco Central se incrementó del 1ro. de enero al 16 de agosto del año en curso, en 1,618 millones, alcanzando una cifra
acumulada de 4,036 millones.


El Banco Agrícola que recibimos tiene una deuda pendiente con el Banco Central que asciende a 559 millones. El CEA, además de deberle al Reservas, le debe 325 millones al Banco Central y la CDE debe otros 70 millones.


¿Sabe el país a cuánto asciende la deuda que dejó la Rosario Dominicana el pasado 16 de agosto con el Banco Central? Nada menos que a 2,394 millones de pesos.
Increíble, si pensamos que se trata de una empresa que exportó menos de 800 millones de pesos, de 1997 a agosto del 2000.


En vista de que el Gobierno y el resto del sector público se endeudaron con el Banco Central, a este último no le quedó otra opción que endeudarse con el sector privado.
¿Cómo se endeudó el Banco Central? Emitiendo miles de millones de pesos en certificados de participación, como ya mencioné. Que nadie se llame a engaño. Eso, en cualquier parte del mundo, es deuda pública interna. La diferencia es que en vez
de deberla el Gobierno Central, la debe el Banco Central.


A todo lo anterior debemos agregar el endeudamiento del Gobierno con las empresas suplidoras del Estado y los contratistas de obras públicas. El Gobierno pasado gastó mucho más allá de lo que le ingresaba. ¿Sabe el país a cuánto ascienden los recursos que tenemos que buscar para pagar las deudas vencidas de cubicaciones y para terminar las obras inconclusas que heredamos? A la gigantesca suma de 12,500 millones de pesos.

¿Y cuánto se imaginan que necesitamos para pagar las cubicaciones vencidas y terminar las 2051 obras inconclusas de la Oficina Coordinadora y Supervisora de Obras del Estado? Otros 6,558 millones, más 128 millones que se adeuda a los
suplidores.


No quiero entrar en detalles de lo que hemos encontrado en la revisión de las cubicaciones y pagos realizados por esta Oficina. Pero sí les diré que se pagaron 582 millones a contratistas sin los soportes correspondientes y en algunos casos, en
obras donde no se ha dado el primer picazo.
Si la herencia se hubiese limitado al ámbito fiscal y de la deuda pública interna, el problema no sería tan grande. La factura petrolera, la cual hay que pagarla con dólares y no con pesos, subirá de 840 millones en 1999 a más de 1,400 millones en
este año, para un aumento de casi 600 millones de dólares.


Mientras el precio promedio del barril del petróleo que importamos fue de 14 dólares con 70 centavos en 1998, en este año será de 31 dólares el barril, para un incremento de más del 100 por ciento. Eso sin contar que en los últimos meses el precio de barril oscila entre 33 y 35 dólares, agravándose con la crisis política del Medio Oriente. Este aumento de la factura petrolera, así como el aumento de las demás importaciones que realiza el país, ha provocado un crecimiento significativo del déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos.

Ese déficit, que en 1999 ascendió a 429 millones de dólares, este año terminará sobre los 1,200 millones de dólares, equivalente a cerca del 6 por ciento del Producto Interno Bruto. El pueblo dominicano se preguntará cómo fue posible que a pesar de este déficit la tasa de cambio se mantuviera estable durante los primeros 8 meses de este año.


La explicación es muy sencilla. Sin decírselo a nadie, las pasadas autoridades del Gobierno y del Banco Central, para mantener la estabilidad, optaron por utilizar aceleradamente las reservas de divisas. Del 1ro. de enero al 15 de agosto de este año, el Banco Central perdió 339 millones de dólares de sus reservas netas.


Al mismo tiempo, los bancos comerciales han aumentado sus operaciones en dólares, lo que ha que contribuido a tapar el agujero externo y a mantener la estabilidad cambiaria.
A esto debemos agregar el impacto negativo que sobre el sector turismo está teniendo la devaluación del euro frente al dólar.


En los últimos 12 meses el euro se ha devaluado en 22 por ciento con relación al dólar. Esta situación inesperada, encarece la oferta turística dominicana para los europeos, los cuales no sólo están preocupados por la devaluación de su moneda, sino también por los efectos que el petróleo está teniendo en el funcionamiento de sus economías.


Y como si lo anterior fuera poco, nos hemos encontrado con la desagradable sorpresa que el pago por el servicio de la deuda pública externa para al año 2001, previsto inicialmente en cerca de 511 millones de dólares, ascenderá aproximadamente a 700 millones de dólares.


¿Qué quiere decir lo anterior? Que si queremos cortar de raíz el problema de las emisiones de dinero inorgánico, habría que entregarle al Banco Central, sólo para cubrir la deuda del Gobierno Central, más de 10 mil millones de pesos en el 2001, es
decir, casi el 20 por ciento del presupuesto del gobierno. En adición a los problemas de déficit, faltantes y carencias económicas, hemos heredado una deuda social sin precedentes.


En mis recorridos por todo el territorio nacional en los últimos años he podido comprobar con mucha tristeza que la pobreza mantiene raíces muy profundas en nuestro país. Cientos de miles de dominicanos son pobres, muy pobres. La indigencia brota en el área rural. Pero la marginalidad y la miseria nos sorprenden también por su crudeza en las principales ciudades del país.


Cuando me he internado en el Sur profundo de nuestro país, ese Sur que exhibe la pobreza que encontramos en otras latitudes de extrema indigencia, he comprobado, sin que nadie me la calcule, la enorme deuda social que enfrenta el país.
Pagar esa deuda social, pueblo dominicano que me escucha, debe ser el primer objetivo de todo político serio y responsable. De todo político que esté inconforme con la injusticia distributiva y la pobreza extrema, que afecta a cientos de miles de
familias dominicanas.


Pagar esa deuda social, es el principal objetivo que el Gobierno perseguirá en estos cuatro años de gestión.
He recibido un país con déficit en la educación, en la alimentación, en la salud, en la vivienda, en agua potable y en infraestructura básica para la supervivencia. He recibido un país sin seguridad social. Se me ha entregado una sociedad alarmada
y sacudida por la fragilidad del sistema de seguridad ciudadana y los crecientes brotes de delincuencia y criminalidad.


Cientos de miles de niños provenientes de hogares humildes y marginados no tienen escuelas donde asistir. No tienen libros, no tienen materiales escolares, no tienen uniformes. Parecerá increíble, pero es cierto. Los gobiernos de los países africanos, en promedio, invierten actualmente más del 6 por ciento de su Producto Bruto Interno.
¿Saben ustedes cuánto está invirtiendo el Gobierno dominicano? Apenas 2.5 por ciento, es decir menos de la mitad de lo que se invierte en Africa.


Les prometo, que eso cambiará. Yo les digo, que eso cambiará. El Presidente les asegura, que eso cambiará. Cientos de miles de madres y mujeres embarazadas no reciben atención apropiada ni medicamentos en sus visitas preventivas y curativas a
los hospitales.


Somos el país en América Latina, después de Haití, con el Gobierno que menos invierte en salud pública. El Gobierno de Costa Rica, para mencionar un caso, invierte casi tres veces y media más en salud pública que el Gobierno Dominicano.
El déficit de viviendas es enorme. Más de 130 mil viviendas en el país tienen piso de tierra. Otras 300 mil tienen paredes exteriores de tabla de palma. Cerca de 100 mil se cubren con techos de cana y yagua.


Casi 300 mil hogares no tienen acceso a agua potable.Un cuarto de millón de viviendas no tienen acceso a la electricidad. Y como si esto fuera poco, en pleno siglo veintiuno, 870 mil familias dominicanas no tienen sanitarios dentro de su vivienda.
Ningún otro ejemplo revela como éste, la brecha abismal que existe entre el discurso que preconiza engañosamente la modernización y la realidad social en que vivimos. Miles de kilómetros de calles, en nuestros barrios marginados y caminos vecinales en nuestros campos, se encuentran en condiciones deplorables. Eso explica parcialmente la fuerte incidencia de las enfermedades respiratorias en nuestro país. Más de cien mil madres jefas de hogares viven en la indigencia sin que el Estado
pueda tender su mano compensatoria. Más de cien mil ancianos viven en la marginalidad y la pobreza sin recibir un solo centavo como pensión asistencial.


Miles de niños recorren las calles buscando su sustento y son afectados por el maltrato y la explotación laboral. Como ven, la herencia que he recibido es lo más cercano a una situación de verdadera emergencia económica, social e institucional.
Hemos recibido un país, donde se ha profundizado la inequidad distributiva. Un país, donde las familias se encuentran afectadas por una crisis de valores.

 
Quien les habla no está dispuesto a cruzarse de brazos. Si lo hiciese, estaría traicionando las esperanzas que el pueblo dominicano ha depositado en nuestro gobierno. He dicho que trabajaré sin descanso para contribuir a reducir la pobreza y promover el desarrollo económico y social del país con sentido de equidad y de justicia.

 
Pero la solución de la crisis económica y la adopción de programas para reducir la pobreza no se producen con buenos deseos ni con decretos presidenciales. Para enfrentar esa cruda realidad tenemos dos maneras de hacerlo; aumentando los
ingresos y reduciendo los gastos. Durante los primeros ochentitrés días de mi Gobierno, todo el pueblo dominicano ha visto los esfuerzos que hemos realizado para disciplinar el gasto, para eliminar los despilfarros, para desmantelar los pagos a
quienes han hecho de la amenaza y el desorden su modo de vida.

 
El Programa Mínimo de Empleo, el llamado PEME, que despilfarró 1,500 millones de pesos, ha sido desmantelado. Hemos reestructurado el Plan de Asistencia Social de la Presidencia, donde el Gobierno pasado gastó 1.2 millones de pesos diarios durante 4 años, con resultados pocos conocidos.

 
Hemos reducido los salarios de los principales funcionarios del Gobierno, comenzado con el salario de quien les habla. Hemos tomado medidas responsables de austeridad en todos los niveles del Gobierno. Soy un hombre de principios. Un firme creyente de los valores democráticos. De la transparencia en el manejo de los bienes públicos. Oigo y respeto las opiniones de mis conciudadanos. Soy ante todo, cristiano y creo en el fortalecimiento de los valores familiares.

 
El Gobierno está manejando el gasto público con extremo cuidado y prudencia. Con frugalidad. Si se quiere, con tacañería. Por eso reitero que le daré estricto y continuo seguimiento a mis funcionarios para que cumplan con sus responsabilidades. Todos tendrán que rendir cuenta de sus acciones ante el país, pero también de su probidad. Porque nunca permitiré que metan la mano en los dineros del pueblo. He dicho, y lo reitero, que en mi Gobierno no voy a permitir el cáncer de la corrupción. La corrupción del pasado tampoco la olvidaremos. Tenemos un compromiso con la sociedad dominicana y lo cumpliremos. Pero como he insistido reiteradas veces, no perseguiré a nadie y canalizaremos todas las denuncias e irregularidades encontradas y documentadas por las vías legales correspondientes. Frente a la magnitud de las deudas y déficit heredados, en vez de pedir inorgánicos al Banco Central, les estamos devolviendo parte de los inorgánicos emitidos por el
pasado Gobierno.

 
Los pocos ahorros en cuentas corrientes generados en estos ochentitrés días, los hemos orientado a la inversión social y productiva. En muchos pueblos, barrios y áreas rurales hemos iniciado nuevos proyectos o le hemos dado continuidad a la mayoría que se encontraban paralizados hacía muchos meses y hasta años. Asimismo, las grandes obras que quedaron inconclusas las hemos reactivado porque sería un crimen paralizarlas como ha sido tradicional en los cambios de Gobierno.

 
Pero no todas las deudas, déficit y proyectos de inversión en la gente, pueden ser cubiertos contrayendo el gasto público. Ajustado el gasto, se necesita ahora un esfuerzo que nos permita elevar los ingresos del gobierno. Ha llegado el momento de adoptar medidas trascendentales para garantizar la estabilidad macroeconómica y dotar al Estado de los recursos que requiere, para mejorar las condiciones de vida de la mayoría de los dominicanos.

 
Que no quepa duda. No puede haber desarrollo institucional y estabilidad política en un país en el cual las tensiones que generan la pobreza y la injusticia, mantienen en jaque la paz social. Nadie lo ha expuesto mejor que el Presidente Kennedy cuando afirmó, citamos: "Si una sociedad libre no puede ayudar a sus muchos pobres, tampoco podrá salvar a sus pocos ricos."

Buenas noches. Hasta mañana.

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