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"EL RETO ES AHORRAR". Discurso pronunciado frente a la nación por el honorable Sr. Presidente de la República Hipólito Mejía.

9 de Febrero 2003



Pueblo Dominicano:
 
Desde mediados del año pasado, el Gobierno dispuso un conjunto de medidas fiscales, monetarias y cambiarias, que tenían como propósito estabilizar la tasa de cambio.
 
Cumplimos con el reclamo de diversos sectores de la vida nacional, que sugerían la reducción del gasto público y del medio circulante.
También abrimos el diálogo con el sector empresarial y los partidos políticos, donde alcanzamos importantes acuerdos en el ámbito fiscal y electoral que contribuyeron a la paz social y económica.

Más recientemente, concluímos exitosamente la colocación de una nueva emisión de bonos soberanos por 600 millones de dólares, donde se demostró, una vez más, la confianza de los inversionistas de todo el mundo, en la economía dominicana.

Estábamos conscientes y así lo expresamos en varias ocasiones, que la fuerte caída de los ingresos del turismo y las zonas francas, junto al aumento gradual y consistente de los precios del petróleo, tendrían fuertes repercusiones en el mercado cambiario.

Por eso, nunca dudamos en aplicar todas las medidas, que tanto dentro como fuera del Gobierno, eran propuestas para estabilizar la tasa de cambio.

Si bien hubo momentos en que esa tasa se redujo y se estabilizó, no es menos cierto que su tendencia continúa mostrando signos preocupantes, alcanzando niveles que no son compatibles con los fundamentos reales de la economía.

Es verdad que nuestro país está enfrentando un serio reto. Un reto que nos viene del exterior y que no podemos evitar ni esconder.
Es verdad que la economía dominicana está siendo afectada por un choque externo de gran magnitud.

Es verdad que esos choques externos son distorsionados por intereses ocultos que persiguen la obtención de enormes beneficios a través de la especulación, sin detenerse un solo instante para ponderar el impacto que su comportamiento tiene sobre el nivel de vida de los dominicanos, en especial, el de los más pobres.

A pesar de lo anterior, yo les aseguro que saldremos airosos de esta prueba, enfrentando con valentía las adversidades externas e internas.

Yo no vine al Gobierno a buscar aplausos y lisonjas. Vine a dirigir con responsabilidad los destinos del país, aún en las circunstancias más adversas. Y estas son las que nos han tocado.

La crisis en el Golfo Pérsico, las dificultades que enfrenta el hermano país de Venezuela y la intensidad de la ola de frío que afecta a los países desarrollados, han desencadenado aumentos sustanciales en los precios del petróleo en el mercado internacional.

Mientras en 1998 el precio promedio del barril de petróleo fue de 14 dólares, actualmente ronda los 34 dólares, reflejando un aumento de 140%.

Cada aumento de un dólar en el precio del barril del petróleo que importamos, nos representa un aumento de 50 millones de dólares en la factura petrolera.
Les mentiría si les dijese que el Gobierno puede esconder, moderar o posponer el impacto de este choque externo sobre las finanzas del país y los bolsillos de todos los dominicanos.

Si alguien cree que cambiándose de partido va a solucionar la crisis de Irak, los problemas de Venezuela o la ola de frío en el hemisferio norte, pues que se cambie ahora.

Yo, como responsable de gobernar este país, sé que esas situaciones no dependen de nosotros. Y la mejor opción es no negarla, tomando frente a ellas las decisiones más sabias.

La realidad, pueblo dominicano, es que los aumentos en los precios del petróleo, generan necesariamente una disminución del poder adquisitivo de la nación y de la familia dominicana.

No son pocas las voces que reclaman al Gobierno el reestablecimiento de subsidios, así es, de los subsidios que al final de cuentas, se convierten en caldo de cultivo para el despilfarro y la corrupción. Y a la larga, en mayores y desenfrenadas alzas de precios.

Sé que los precios de la gasolina, del gasoil, del gas propano y de la electricidad están alcanzando niveles insoportables.
Estoy consciente del trauma que esto genera en los presupuestos de las empresas y las familias dominicanas.

Pero mayor sería el trauma para el país si evadimos la realidad, tratando de tapar el sol con un dedo y nos enrolamos en las filas del populismo económico que reclama subsidios al por mayor y al detalle.

Subsidios financiados con déficit fiscales y un torrente inagotable de emisiones de pesos inorgánicos que al final darían al traste con la estabilidad macroeconómica.
Cuando nos proponen que demos subsidios, nos están sugiriendo que inventemos dinero. Y el resultado sería mas inflación y más empobrecimiento. Esa es la receta de los populistas que nosotros no podemos aceptar.

Ese populismo, dominicanos y dominicanas, abarataría los precios de los combustibles pero subiría todos los demás precios de la economía, incluyendo a uno que lo afecta todo; me refiero a la prima del dólar.

No producimos petróleo. Sin embargo, conozco el sentir de la gente y la realidad que le agobia con respecto al gas de cocinar. Por ello anuncio que cualquier nuevo incremento de precio en el gas licuado de petróleo será subsidiado por el gobierno por lo que todo nuevo aumento de precio a partir de hoy no afectara a la familia.
Subsidiaremos lo que podemos subsidiar, sin dar paso al despilfarro, a la corrupción y a la inflación.

Mantendremos el subsidio en la tarifa del transporte público de la OMSA, como una forma de proteger a las familias de menores ingresos, que son las que utilizan este servicio.

También mantendremos el subsidio a la electricidad que se ofrece a más de 3  millones de dominicanos que viven en los barrios pobres, los cuales reciben hasta 18 horas de luz al día.
Intensificaremos durante los meses de febrero, marzo y abril, el programa de venta de alimentos a precios subsidiados, que ejecuta el Instituto de Estabilización de Precios, en los barrios pobres donde más afecta el alza en el precio del gas propano.

Para ello estoy disponiendo, a través del Gabinete Social, un aumento en la  asignación de este programa, como una medida paliativa y provisional del efecto negativo que tiene el alza de los precios de los derivados del petróleo.


Frente a la adversidad externa representada por el alza de los precios del petróleo, no tenemos otra opción que la de apretarnos el cinturón, con la esperanza de que la misma será transitoria y de que antes de que termine este semestre, podríamos estar beneficiándonos de una reducción apreciable en los precios del petróleo.

No por un acto de magia del Gobierno sino porque el reinicio de las exportaciones de petróleo de Venezuela, la solución en los próximos meses de la crisis del Golfo Pérsico y la culminación del invierno, según los expertos, producirán una reducción
apreciable de los precios del petróleo.

Reducción que, a diferencia del pasado, se traduciría en rebajas en los precios de los combustibles, gas propano y tarifa eléctrica.

Las empresas y las familias dominicanas deben adoptar todas las medidas de ahorro de combustibles que sean posibles.

Minimizar el uso de aires acondicionados, prender sólo los bombillos necesarios, regular el uso de las planchas y los calentadores de agua, reducir el uso de vehículos y una estricta administración en el uso de gas propano.

Ahorrar. Ahorrar es la mejor opción que tenemos para moderar el impacto negativo de la crisis de los precios del petróleo, que sacude a la mayoría de las economías del mundo.

En el Gobierno estamos adoptando medidas fuertes para restringir el gasto en electricidad y combustibles.

En adición a las medidas que anunciamos la semana pasada en el Consejo de Gobierno, quiero anunciar al país, que estoy impartiendo instrucciones al Secretario de Estado de Finanzas y al Director General de Presupuesto para que todas las dependencias del Gobierno, tengan que manejarse con el mismo nivel de asignación presupuestaria del año pasado, en las partidas correspondientes al consumo de electricidad y compra de combustibles.

Nada es tan efectivo como el tope en el gasto, cuando se quiere ahorrar.
Y eso es lo que haremos en el Gobierno en el caso del consumo de los derivados del petróleo.

Estoy disponiendo que durante los meses de febrero, marzo y abril se suspenda el uso de los aires acondicionados en todas las dependencias del Gobierno y del resto del sector público.

Estoy suspendiendo la compra de vehículos de motor por parte de las dependencias del Gobierno y del resto del sector público, durante el primer semestre de este año.

Anuncio también que estoy disponiendo la suspensión durante el primer semestre del año de todas las exoneraciones de impuestos para la importación de vehículos de motor, sean éstas requeridas por entidades gubernamentales o por organizaciones sin fines de lucro.

Mientras se mantengan los elevados precios del petróleo que prevalecen actualmente en el mercado mundial, quedan suspendidos los viajes al exterior de todos los funcionarios de la administración pública, excluyendo únicamente los que sean de importancia vital para los intereses de la Nación, los cuales tendrán que ser aprobados previamente por la Presidencia de la República.

Esta disposición abarca a todas las entidades autónomas y descentralizadas, incluyendo al Banco de Reservas, al Banco Central, al INDOTEL, a las Superintendencias de Bancos, Electricidad, Seguros, Valores y Pensiones.

Anuncio también la suspensión, durante los próximos tres meses, de todos los gastos de publicidad en las dependencias de la administración pública, salvo aquellos que sean necesarios para el funcionamiento del Estado, los cuales serán centralizados a través de la Dirección General de Información y Prensa y aprobados por la Presidencia de la Republica.

El esfuerzo del Gobierno no se limitará únicamente al control en los gastos en electricidad, combustibles y áreas mencionadas.

El pasado mes de diciembre me comprometí con el sector empresarial con el ahorro de 100 millones de pesos al mes, ahorro que se depositaría en el Banco Central, o como dicen los economistas, se desmonetizarían.

Con ello se persigue reducir la cantidad de pesos en circulación que andan buscando dólares.
El agravamiento de las adversidades externas nos obliga a hacer un esfuerzo adicional, un esfuerzo que a diferencia de otros países, no ha sido impuesto por organismos multilaterales de financiamiento, sino por el compromiso autónomo y soberano que tiene este Gobierno con la estabilidad macroeconómica.

Hemos decidido realizar un aporte adicional de 300 millones de pesos, el cual será desmonetizado mañana en el Banco Central.

En los próximos meses, realizaremos aportes adicionales, de acuerdo a lo requerido por las circunstancias.

El déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, sin embargo, no se debe exclusivamente al déficit del sector público. El año pasado, el 60% del déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos se debió a un exceso de gasto del sector
privado.

Es por esa razón que todos, no sólo el Gobierno, debemos ajustar nuestros gastos en la actual coyuntura. El Gobierno ha estado ajustando el suyo. Pero de nada serviría, si no adoptamos medidas que permitan ajustar el gasto del sector privado. Todos debemos ahorrar, incluyendo el sector privado. Todos debemos ser más sinceros con nuestras posibilidades. El gasto excesivo sólo agranda nuestros problemas hacia el futuro.

La política monetaria deberá ser necesariamente restrictiva durante el primer semestre de este año.

Las tasas de interés, por más doloroso que resulte, deberán reflejar esas restricciones.

Mientras dure el choque externo, no podemos aspirar a reducciones insostenibles y artificiales en las tasas de interés, que estimularían el crédito al sector privado, aumentarían el gasto privado y desalentarían el ahorro.
La Junta Monetaria adoptó el pasado jueves una serie de resoluciones que se orientan en esta dirección.

Anuncio que procederé a firmar un decreto que establece, con carácter transitorio por tres meses, un recargo selectivo de 10% a las importaciones, exceptuando las de alimentos, medicinas, materias primas y bienes de capital.

Esta medida junto a la desmonetización del ahorro fiscal, el aumento de las reservas del Banco Central en 150 millones de dólares, el pago de 135 millones de dólares de la deuda que el Gobierno mantiene con la banca comercial local, la disponibilidad de 315 millones de dólares para pagar la deuda externa del Gobierno sin necesidad de usar reservas del Banco Central o comprar divisas en el mercado libre, y el ingreso de 250 millones de dólares del préstamo sectorial eléctrico del Banco Mundial previsto para mayo próximo, crean condiciones muy favorables para la necesaria estabilidad de la tasa de cambio.

Nadie debería tener dudas sobre la firme voluntad del Gobierno de defender el funcionamiento de un mercado libre y unificado de divisas, siempre y cuando, el mismo no sea distorsionado por presiones especulativas.

Las entidades bancarias y los agentes de cambio deben estar conscientes, como lo está el Gobierno, de lo que significa para el presupuesto de las empresas y las familias dominicanas que, en adición a los efectos perjudiciales del alza de los precios del petróleo, se sumen alzas en la tasa de cambio originadas en comportamientos especulativos.
El gobierno siempre defenderá el mercado institucionalizado.
Nadie dude, absolutamente nadie, que somos y seguiremos siendo enemigos de la especulación, principalmente de la que busca la desestabilización para alcanzar el lucro desmedido.

El momento no puede ser más oportuno para que todos contribuyamos a lograr la estabilidad cambiaria.

En las próximas semanas deberá emitirse el Reglamento de la Ley Monetaria y  Financiera, que establecerá el ámbito de las operaciones de todas las entidades que participan en el mercado financiero y en el mercado cambiario. A nadie, por tanto, conviene afilar cuchillo para su propia garganta.

En coyunturas difíciles, todos debemos unirnos para enfrentar la crisis. Esto requiere un espíritu de amor a la gente y patriotismo que no es común entre los políticos.
Reconozco el legítimo derecho que tiene la oposición política del país, a sacarle provecho al descontento interno que se deriva de factores externos no controlables por el Gobierno.

Nunca faltan quienes se atrevan a lucrarse de ellos. Aprovecharse de ellos. Eso se vale, aunque no sea ético y responsable, en el juego de la democracia que hemos ido consolidando en los últimos 35 años.

Ahora bien, que no le quepa duda a nadie que quien les habla está plenamente convencido de que la paz social es una de las principales fuentes de riqueza y desarrollo de la República Dominicana.

Esa paz social es causa, en gran parte, del progreso considerable que nuestro país ha registrado en los últimos 35 años.
La paz social, muy escasa en la geografía latinoamericana de hoy, ha sido uno de los pilares del crecimiento de la inversión, la producción y el empleo que ha evidenciado nuestro país.
En este momento en que nuestro país enfrenta un serio reto externo, cuyo desenlace no depende ni de este gobierno, ni de los partidos, me comprometo frente a las empresas y los hogares dominicanos a mantener y defender la paz social en el marco que me confiere la Constitución.
A los que quieran pescar en río revuelto, les aconsejo que no lo hagan a costa de la tranquilidad y de la paz de la familia dominicana que aspira a ser feliz, aún en medio de las adversidades del mundo.
Ya lo sabe la oposición. Tiene derecho a rentar el descontento. Pero no tienen derecho, escuchen bien, no tienen derecho a atentar contra la paz social.
Tampoco cederé ante el chantaje de los rentistas del desorden.
El alza inevitable de los precios de los derivados del petróleo, no debe ser utilizada por los que aspiran a seguir viviendo del chantaje y la amenaza, para quebrar la paz social.

Quiero que me escuchen bien. No voy a rehuir las responsabilidades que asumí el 16 de agosto del año 2000, específicamente, la de actuar como celoso centinela de la paz social.

Quien les habla siempre ha sido responsable y seguirá siendo responsable.
Quien les habla siempre ha dicho la verdad y seguirá diciendo la verdad.

Los dominicanos hoy enfrentamos una situación externa difícil, muy difícil, que nos obliga a ser comprensivos los unos con los otros.

Una adversidad que debe convocar a la solidaridad, tanto a nivel del Gobierno como de las empresas, para llevar, por lo menos, aliento y alivio a las familias más pobres que están siendo afectadas por la dificultad transitoria que nos viene del exterior.
Yo confío en mi país, en mi gente, aún en estos tiempos difíciles en que nuestra Nación, una vez más, está siendo puesta a prueba.

Una prueba que nos hará más fuertes, para seguir adelante, para continuar los programas de desarrollo que persiguen mejorar las condiciones de vida de todos los dominicanos y las dominicanas.



Muchas Gracias y que Dios nos bendiga a todos.

 

 

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