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Discurso del Excelentísimo señor Presidente de la República Hipólito Mejía, en ocasión de su juramentación.

16/08/2000


Al juramentarme como presidente de la República deseo comenzar mis palabras ratificando el solemne compromiso de cumplir y hacer cumplir la Constitución, las leyes de la República y los acuerdos internacionales que conforman el ordenamiento jurídico del Estado Dominicano..

Estoy plenamente consciente de la responsabilidad que encierra este compromiso y lo asumo con humildad y  respeto ante el pueblo dominicano y la comunidad internacional y lo hago también con gratitud hacia todos los dominicanos y dominicanas que en las elecciones recién pasadas, unidos a nuestros partidos aliados y  simpatizantes del sector externo, aportaron sus esfuerzos y su trabajo para que la opción electoral del Partido
Revolucionario Dominicano, integrada por la doctora Milagros Ortiz Bosch y quien les habla, fuera favorecida por el voto de la mayoría.

Deseo expresar con franqueza que en este momento, como en las ocasiones más significativas de mi vida, tanto  yo como mi familia nos inclinamos reverentes y con fe inquebrantable ante Dios, porque en todo momento hemos  sentido su protección al imponernos estas nuevas obligaciones.

Recibo pues, sin reservas, esta carga que Dios ha puesto hoy sobre mis hombros y acepto jubiloso el reto de servir desde la más alta posición del Estado al Pueblo Dominicano y en particular, a los pobres del país, a los que  defenderé en cada acción de mi ejercicio gubernamental.

En este día memorable del 137 aniversario de la Restauración, puedo asegurar que el Poder Ejecutivo que  presidiré actuará orientado hacia la prosperidad de sus ciudadanos, sin distinguir en banderías políticas, en  creencias religiosas, en razas, en nivel social o económico; con la convicción de que no basta con el mandato del  pueblo para gobernar con acierto, porque gobernar es equilibrar, distribuir con justicia, conciliar pareceres y,sobre todo, administrar con transparencia los bienes de la Nación.

Estoy decidido a poner fin al tiempo de las promesas incumplidas y de las ilusiones convertidas en amargas frustraciones.

Voy a gobernar desde una casa de cristal, con transparencia, para que la vigilancia ciudadana sea el testigo de  las actuaciones de todos los funcionarios de la administración pública.

Y puedo asegurar que si en estos próximos  cuatro años se produjesen actos de corrupción, seré yo mismo quien alentará los procedimientos legales para el castigo merecido. Y puedo asegurar también que para prevenir y penalizar la corrupción, cumpliré con la promesa de crear una Procuraduría Fiscal con jurisdicción en todo el ámbito nacional.

Lo he dicho hasta el cansancio: los funcionarios de mi gobierno deben venir a la administración pública a dar de  ellos mismos y no a servirse a sí mismos.

Quiero encabezar un gobierno capaz de imponer una verdadera  moralidad en la gestión administrativa, a fin de que desaparezca la mentira, la doblez, el fraude y el engaño.

Ahora bien, si en el pasado se ha incurrido en actuaciones indebidas y en corrupción demostrable, será el Poder Judicial quien tendrá la tarea de investigar y de proceder de acuerdo a las normas legales.

No seré yo ni el gobierno que presidiré quienes tratarán de incidir en la conducta de los jueces, no  intervendremos nunca en el ámbito del Poder Judicial, de ese Poder a cuya independencia y soberanía rendimos el más respetuoso tributo.

El programa de gobierno que me ha servido de plataforma y orientación para los próximos cuatro años contiene metas y objetivos muy concretos. Una de sus metas y de sus objetivos más ansiados es la lucha contra la pobreza que alcanza a un enorme porcentaje de dominicanos.

Pueden estar seguros de que mantendremos el  equilibrio macroeconómico, pero será un equilibrio macroeconómico con rostro humano, orientando a satisfacer la enorme necesidad de justicia social que tiene el pueblo dominicano.

El crecimiento económico resulta una burla cuando no se traduce en mejoría del nivel de vida de los más  desposeídos.

Como bien señala un estudio reciente del Banco Interamericano de Desarrollo, los principales indicadores sociales del país se han mantenido por debajo de los promedios de América Latina.

Esta realidad nos impone la obligación de hacer una obra de gobierno que priorice la inversión en la gente, en el desarrollo del ser humano como factor indispensable para un desarrollo social armónico y equitativo.

Para este objetivo será preciso reactivar la economía, crear empleos para la juventud y las mujeres, ofrecer  salubridad y seguro social, ampliar y profundizar la educación, reactivar la agropecuaria, asegurar la  alimentación, acrecentar el turismo y las zonas francas, estimular las exportaciones y la inversión extranjera, promover la cultura, impulsar la modernización de todos los poderes del Estado, sanear nuestro medio ambiente y proteger nuestros recursos naturales.

Haré todo el esfuerzo necesario para alcanzar la seguridad alimentaria de la población, y en este sentido modernizaremos las estructuras económicas del país, cambiaremos nuestro potencial productivo con obras de  infraestructura que nos permitirán ampliar nuestra frontera agrícola.

Reordenaremos el sistema nacional de investigación, dinamizaremos la oferta crediticia, crearemos una cultura exportadora que nos permita, al término de este mandato, convertir a nuestra Nación en la mayor proveedora de bienes alimenticios a los países del caribe y establecer una presencia en el exigente mercado norteamericano. El impulso al desarrollo agropecuario marchará de la mano de un componente indispensable que asumimos con todas sus consecuencias: la
rentabilidad de la noble actividad de producir alimentos. La época de las importaciones innecesarias ha  terminado.

Si el 16 de mayo se votó para que se respetara al productor dominicano, les aseguro que estoy  dispuesto a encabezar ese desafío.

Promoveré la rehabilitación y construcción de viviendas populares, dinamizaré la producción nacional, industrial y agropecuaria, enfrentaré resueltamente el grave problema de la energía eléctrica y le pondré particular atención a la institucionalización de nuestra Fuerzas Armadas y la Policía Nacional como garantes de la soberanía, el orden público y la seguridad ciudadana.

Le daré un giro total a los sistemas de gestión en la administración pública, de manera que los servidores del  Estado actúen con la conciencia de que son simples servidores del pueblo y administradores de sus instituciones.
Y para estos fines el gobierno adoptará un código de conducta frente al cual todos seremos compromisarios.

Este código se fundamenta en la honradez, la equidad, el respeto a los derechos humanos, la solidaridad social, el respeto a la libertad y al orden democrático y tiene como valor supremo el derecho a la vida y a la integridad humana, rechazando la tortura y el trato cruel y degradante de las personas por las autoridades de la seguridad
pública.

Prometo trabajar como un verdadero gerente para rehabilitar el país, reconstruyendo sus abandonados caminos vecinales, sus carreteras deterioradas, sus calles rotas y sus canales de riego mal atendidos.

El país tendrá nuevas escuelas, hospitales, politécnicos, presas; serán reforestadas nuestras cuencas hidrográficas con el propósito de preservar el agua que sacia la sed de nuestra población y sostiene nuestra  agricultura.

La Secretaría de Estado de Educación elevará el nivel educativo y cultural de los dominicanos y promoverá los valores culturales para acrecentar la riqueza espiritual de la Nación.

Aquellas actividades que hacen daño a la salud física y moral de los dominicanos, serán perseguidas sin cuartel, luchando contra la criminalidad local e internacional, el narcotráfico, el lavado de dinero y la violación de los derechos de propiedad intelectual.

Asuntos impostergables y de alta prioridad como son las relaciones con Haití, encontrarán toda la atención necesaria a fin de lograr una mayor y mejor convivencia y una más estrecha cooperación, basada en el respeto mutuo a la soberanía de ambos países y en la conciencia de que somos, como he dicho repetidas veces, "un matrimonio sin divorcio" al que le conviene vivir en armonía.

Discurso del Excelentísimo señor Presidente de la República Hipólito Mejía, en ocasión de su juramentación ante  el Congreso Nacional como Presidente Constitucional de la República Dominicana.

Nuestras relaciones exteriores ampliarán su alcance, con un acento particular en la aprobación de los acuerdos de libre comercio pendientes en el Congreso, así como en la firma de otros acuerdos de cooperación técnica, financiera y cultural con diversos organismo internacionales.

Propugnaré por el respeto y colaboración entre el Estado y las iglesias, garantizando el derecho de todos los ciudadanos a la libertad de cultos y cooperando en todas las obras de bien social que requieran asistencia estatal.

El Poder Ejecutivo será un favorecedor de las iniciativas del sector privado, provenga estas de la gran empresa, la  mediana o la micro empresa, o cualquier grupo profesional, social u ocupación.

Si bien he dicho que tengo el propósito de revisar algunos procedimientos cuestionables de la capitalización de las empresas públicas, quiero dejar claramente establecido que tengo la convicción de que el gobierno debe dejar  a la empresa privada aquellas actividades que les son naturales.

Aclaro, sin embargo que en países en vías de desarrollo como el nuestro, el gobierno no puede ni debe renunciar a sus funciones de regulador, con el objetivo de estimular la competencia y facilitar una mejor y más eficiente  asignación de los recursos para el mercado.

Esos propósitos me conducen a impulsar, en un orden de prioridades, las reformas económicas pendientes en los renglones de transparencia presupuestal, arancelaria, monetaria y financiera así como en los de la energía, los hidrocarburos, la educación, el comercio, la salud y en otros significativamente importantes para el ordenamiento
de una sociedad que enfrenta los retos de una globalización que es preciso orientar en beneficio de la Nación dominicana.

Trabajaremos con el Congreso Nacional para acelerar la aprobación de los marcos legales de cada  una de estas áreas.

Reitero que trabajaré con aquellos hombres y mujeres de los partidos aliados y del sector externo, que me  ayudaron a alcanzar el triunfo electoral junto a mi Partido Revolucionario Dominicano y buscaré el apoyo de otros sectores que desean ayudar en la culminación de esta enorme pero dignificante tarea.

Deseo ahora reafirmar que el gobierno que tendré a bien dirigir estará abierto a todos los hombres y mujeres de
buena voluntad, dispuestos a canalizar todas las iniciativas que tiendan al bien común, al mejoramiento de las condiciones de vida de los más pobres y a la prosperidad integral de todos sus ciudadanos.

Como Presidente de la República, deseo actuar con generosidad y compresión ante los desafíos normales de esta  investidura y ante las provocaciones que pueda encontrar frente a mi determinación de servir a la Patria.

Quiero ser digno continuador de los ideales de Duarte, Sánchez, Mella, Espaillat, Meriño y Luperón.

Quiero realizar los más caros sueños de nuestro recordado líder y hermano José Francisco Peña Gómez y del hombre de bien que fue no sólo mi maestro sino mi segundo padre, Don Antonio Guzmán Fernández.

Y sobre todas las cosas, aspiro a que cuando termine mi obra de gobierno, mi familia y mi pueblo puedan decir  que fui un hombre digno y un presidente honrado y constructivo.
Creo en la mano todopoderosa de la Providencia y en la protección de la Virgen de la Altagracia, a ellas me encomiendo humildemente para servir con todas mis fuerzas a los dominicanos.

Gracias a todos, señoras y señores.
Gracias, distinguidos dignatarios e invitados extranjeros.
Gracias, honorables legisladores y funcionarios del Estado.
Gracias a ti, valiente y generoso Pueblo Dominicano.

 

 

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