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DISCURSO DEL EXCELENTISIMO SEÑOR PRESIDENTE DE LA REPUBLICA, INGENIERO HIPOLITO MEJIA EN EL MERCY COLLAGE


03/10/2002


Señoras y señores:


La distinción que me otorga este alto centro de estudios del Estado de Nueva York al conferirme un Doctorado Honoris Causa, es un reconocimiento que agradezco profundamente en nombre de mi gobierno, en el de mi familia y en el mío propio.

El recibir esta distinción de un centro académico como el Mercy College tiene una mayor significación y valor por cuanto proviene de una institución que es el resultado de la vocación de servicio a la comunidad, del amor a los demás sin discriminación de ningún tipo y la sabiduría visionaria de las religiosas Hermanas de la Caridad, que ha permitido fundar la gran institución que es hoy el Mercy College.

Mercy College es un ejemplo de integración cultural y racial y como tal, sus aportes a la incorporación de los inmigrantes y las minorías a la vida política y social de la comunidad local, son de incalculable significación.

Este centro de altos estudios a través de más de medio siglo de labor académica y científica ha contribuido a la formación de profesionales, científicos, técnicos, humanistas y artistas de todo género, y el hacerme uno de sus hijos, no sólo me llena de satisfacción, sino que al mismo tiempo me compromete con el legado de aportes al progreso de esta gran nación y de toda la humanidad.

Los sueños de miles de inmigrantes de tener una vida mejor han encontrado en esta alta casa de estudios la oportunidad de convertirse en realidad, incluyendo los hijos de miles de familias dominicanas que han emigrado a esta ciudad.
El carácter abierto y humanista de esta Universidad es una inspiración para que todos aquellos ciudadanos con el talento y la voluntad de triunfar, puedan hacerlo sin que las condiciones económicas les impidan convertirse en profesionales exitosos y útiles a la sociedad.


Y es que la educación no sólo crea oportunidades económicas, sino que refuerza los valores éticos y morales de los individuos, convirtiéndose en el instrumento principal de lucha contra el flagelo de la pobreza y la desigualdad social.

Un pueblo mejor educado es una garantía para que la cohesión social y el espíritu de progreso humano prevalezcan en nuestras sociedades. La prosperidad de nuestros países, especialmente de aquellos de menor desarrollo relativo, como es el caso del nuestro, depende hoy, más que nunca, de factores asociados al conocimiento.

La eficiencia productiva y la capacidad competitiva de las naciones descansa en la educación y en nuestra habilidad para incorporar el progreso técnico y científico a los procesos económicos de nuestros países. Más que de la existencia de abundantes recursos naturales, la riqueza de los pueblos, hoy día, proviene de la capacidad de los sistemas productivos para agregarles valor a los recursos a través del conocimiento y las tecnologías.


Con ese propósito, nos hemos impuesto, como Gobierno, la misión de unir esfuerzos para impulsar la transformación humana, la renovación productiva, la integración económica y las reformas institucionales que requiere el desarrollo de nuestro país.
Esto ha significado poner la educación en primer plano en las ejecutorias de nuestro gobierno. Esta visión de construir una Nación próspera y solidaria con su pueblo, es la misma que ha inspirado todos los actos de mi vida, ya sea en búsqueda de la superación personal como hombre de origen campesino que tuvo que viajar decenas de kilómetros para asistir a la escuela primaria e intermedia, hasta escalar los más altos peldaños como profesional agrícola.


Y es la misma visión con la cual se han educado mis cuatro hijos, a quienes les he enseñado el camino de la honradez, del trabajo, de la perseverancia y de la solidaridad humana. Estoy convencido que la democracia política no será una realidad percibida por la población hasta tanto el crecimiento económico no contribuya palpablemente a mejorar las condiciones de vida de nuestra gente.


El crecimiento económico tiene que estar acompañado de políticas sociales activas que complementen la acción del mercado cuando éste funciona deficientemente y de la presencia de reformas institucionales que le aseguren a todos los ciudadanos acceso en forma transparente y equitativa a las oportunidades económicas.


La falta de voluntad de los gobiernos para actuar en esta dirección ha dado por resultado, en el pasado, sociedades llenas de marginados y excluidos de los beneficios del progreso humano. Nuestra administración se ha propuesto cambiar esa realidad.


Y nuestra visita aquí, a los Estados Unidos, forma parte de ese objetivo de consolidar las bases de nuestras relaciones económicas y comerciales, que hoy día se encuentran entre las más importantes del hemisferio, para ambos países, y que son fundamentales para el mantenimiento del dinamismo económico y la estabilidad social de nuestro país.


Finalmente, señoras y señores, deseo reiterarles mi profundo agradecimiento por el alto honor que este prestigioso centro de estudios me ha conferido y al mismo tiempo expresarles el reconocimiento de nuestro país por la destacada labor académica y científica que realiza esta Universidad, su cuerpo docente y su población estudiantil.


Deseo compartir el honor que significa para mí este Doctorado Honoris Causa con los cientos de miles de dominicanas y dominicanos, que han encontrado en esta tierra el apoyo y la oportunidad que muchas veces no encuentran en su propio territorio.


Y a ustedes, los graduandos, los felicito, les deseo muchos éxitos en el desarrollo de sus carreras y los invito a convertirse en promotores del entendimiento, la cooperación y la solidaridad entre los países, ya que son éstas las vías más idóneas para resolver los conflictos y las desigualdades entre las naciones y garantizar la paz, la seguridad y la prosperidad universal.
Muchas gracias.

 

 

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