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DISCURSO PRONUNCIADO

Por el Presidente Hipólio Mejía ante La Cumbre Mundial sobre Alimentación


Esta Cumbre Mundial sobre la Alimentación: Cinco Años Después, es una oportunidad excepcional para examinar los avances que se han realizado en el cumplimiento de los acuerdos asumidos por la comunidad internacional, con el propósito de erradicar el hambre en el mundo.

El hambre a escala mundial no puede analizarse como un fenómeno generado exclusivamente por los sistemas de producción agroalimentaria, sino que muchas de sus causas son el resultado de políticas institucionales, económicas y sociales ineficaces y deficientes, tanto en el plano local como internacional.

El sector agroalimentario, al que me he vinculado gran parte de mi vida, enfrenta en su evolución los mismos problemas que cualquier otra actividad productiva, con la diferencia de que el tratamiento sugerido para superar los desafíos que cada etapa o modelo económico le impone, no es siempre el que la lógica y la práctica nos enseña.


Y esa lógica se adquiere no sólo con los estudios, los indicadores y las encuestas sino con las vivencias, con los estímulos y más que nada, con las frustraciones y dificultades que hay que enfrentar día a día en el medio rural y su entorno.


Impulsar la producción de alimentos y enfrentar el hambre es un problema que rebasa el ámbito rural y agropecuario y, hasta el marco de los países más pobres, enraizándose en variables económicas, institucionales y de políticas públicas por lo regular, injustas, discriminatorias e ineficaces.

Una política eficaz para asumir los nuevos retos en el sector agroalimentario, requiere antes que nada, que las prácticas dogmáticas con la que hemos encarado el pasado sean sustituidas por una visión más creativa, innovadora, equitativa y sistemática.

Igualmente, es indispensable que no se continúen aplicando reglas de juego diferenciadas y discriminatorias sólo por el simple hecho de que algunos países privilegiados y poderosos pueden utilizar recursos que la gran mayoría no tiene, para proteger la ineficiencia y la falta de competitividad.

 

Es en ese contexto que esta Cumbre ofrece una excelente oportunidad para revisar los temas propios del desarrollo económico, incluyendo a las políticas agrícolas, y susinterrelaciones con los temas prioritarios de la agenda mundial.
Estos temas, como son el libre comercio, el flujo de capitales, la competitividadproductiva, el deterioro del medio ambiente y la seguridad ciudadana, necesitan ser atacados de manera efectiva si queremos que no aumenten la pobreza y el hambre en el mundo. Más que con la producción, el hambre está relacionada con las políticas económicas que afectan los ingresos y el acceso de los consumidores a fuentes confiables, permanentes y saludables de alimentos.
Por esto, cuando las políticas económicas resultan insuficientes para resolver el problema de la pobreza, es necesario apelar a la solidaridad de los gobiernos con políticas sociales que ayuden a mitigar las carencias alimenticias de los indigentes.


Esto, sin embargo, no es sostenible en el largo plazo. Si aceptamos la afirmación de que la habilidad de una Nación para alimentarse adecuadamente, depende de su capacidad económica y productiva, debemos de convenir que el desarrollo del potencial productivo de nuestros países es fundamental para alcanzar el objetivo de un mundo sin hambrientos.
Siendo la agricultura, la pesca y la foresta las actividades que sirven de soporte económico a grandes núcleos humanos en los países menos desarrollados, es necesario convertirlas en una empresa rentable y eficiente. Por esta razón, es necesario que los temas relacionados con la agricultura y que forman parte de la agenda de trabajo de los organismos multilaterales de cooperación, reciban atención prioritaria que se traduzca en respuestas efectivas a los problemas de nuestras naciones.
Sin lugar a dudas, que ningún otro sector tiene tanto que ganar de la cooperación y el intercambio multilateral, como el sector rural, siempre que esto se haga en un plano justo y equitativo.

 
Empecemos por las tecnologías mejoramiento de la productividad interna son pilares imprescindible para promover La renovación técnica y el consecuente la productividad en animales y plantas.
Se estima que la genética contribuyó con más de un 50% de los incrementos que sehan obtenido en los últimos años en la producción de alimentos.

La creación de ventajas competitivas en el plano comercial y la habilidad de lospaíses para enfrentar las demandas alimenticias de sus pueblos, dependerán de la capacidad que tengan los países pobres para acceder y adoptar las nuevas tecnologías.

La agricultura de invernadero conjuntamente con la ingeniería genética permite que un pequeño productor rural con poca posibilidad de suelo, en lugares de variados ambientes y ecología, usando materiales reproductivos de alto potencial, pueda producir toneladas de alimentos y generar niveles de ingresos más que aceptables.

Siendo las naciones desarrolladas la principal fuente de generación de tecnología agrícola, es necesario garantizar que los nuevos sistemas de protección a lano impidan el acceso de las naciones pobres a los avances propiedad intelectual tecnológicos a escala mundial.

Pero hay un gran reto que tenemos que superar. Me refiero a las distorsiones que acompañan el comercio de bienes agrícolas.

En este diálogo por el desarrollo debemos considerar que las severas restriccione financieras y las fuertes distorsiones en el funcionamiento de los mercados

constituyen obstáculos, a veces insalvables, para alcanzar la competitividad de nuestras naciones.

La excesiva y costosa protección que las naciones desarrolladas ofrecen a sus productores constituyen impedimentos para que el intercambio comercial entre los diferentes países ocurra de manera eficiente.

Los costos de estas distorsiones generalmente los pagan los más pobres a través de precios más altos de los alimentos y pérdidas de ingresos como resultados de bajos precios a sus cosechas.

En este momento que se realizan negociaciones, tanto en la Organización Mundial del Comercio como en el grupo de países ACP y los países del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), es una buena oportunidad para reiterar que sólo y la garantía de que los beneficios de la apertura llegarán de con acuerdos justos manera palpable a la población, se evitará que la globalización sea un fenómeno que profundíce la pobreza y las dificultades de nuestros pueblos.

La globalización debe ser un camino de doble vía y con señales claras y transparentes.

Para que la liberalización y la integración comercial contribuyan al bienestar de nuestros pueblos, es necesario que los sectores económicos tengan capacidad de respuestas productivas.

Y en muchos de nuestros países, la agricultura en sus múltiples funciones puede significar la respuesta productiva más oportuna en el corto y mediano plazos. El desarrollo de la industria forestal en sus diferentes vertientes, la agroindustria hortí-frutícola, la industria láctea y cárnica, la acuacultura, la agricultura orgánica, el ecoturismo, la microempresa rural y la artesanía, pueden ser fuentes de ingresos muy promisorias, para los pobladores rurales.

Quiero referirme ahora aun tema que debe preocuparnos a todos los que estamos comprometidos con esta lucha contra el hambre.

En la última década se observa una estrepitosa caída en la inversión dedicada a la actividad agrícola y al desarrollo rural por parte de los organismos multilaterales de financiamiento.

Mientras en las décadas de los setenta y los ochenta el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo dedicaron aproximadamente el 22% de su cartera de préstamos con América Latina y el Caribe a la agricultura, en los noventa se destinó sólo el 6.6% y la tendencia actual es a decaer aún más.

Estos resultados coinciden con el período de tiempo en que la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación ( FAO) afirma que "no se están

logrando resultados positivos en la lucha contra la pobreza en la población rural". En tal sentido, el financiamiento rural y el mejoramiento de la rentabilidad de la

actividad agropecuaria son partes esenciales de un sistema confiable de suministro de alimentos y de una exitosa estrategia de lucha contra la pobreza.

Finalmente nos movemos hacia una estandarización de las normas técnicas:

nuestro Gobierno apoya decididamente los esfuerzos que viene realizando esta organización para avanzar en el establecimiento de un sistema de normas técnicas que funcione a escala mundial.

Necesitamos que los impedimentos técnicos no se conviertan en barreras al comercio de bienes agrícolas y al mismo tiempo garantizar que el flujo internacional de productos agropecuarios responda a los estandares de inocuidad y calidad que desean los consumidores en todas partes del mundo.

Para que los sistemas productivos funcionen no es suficiente que las políticas internas sean las apropiadas. Es necesario que exista un entorno internacional que promueva la eficiencia y que reduzca al mínimo las distorsiones.

Esto requiere la voluntad y compromiso de todos nosotros los líderes mundiales. En este sentido, deseamos expresar nuestra solidaridad y nuestra disposición de cooperar con las actividades de la FAO en su lucha por hacer frente a los problemas de seguridad alimentaria, y afrontar los desafíos de la globalización mundial con tecnologías agrícolas modernas y eficientes.

Nuestra propuesta enfática en esta conferencia es que volvamos a invertir en el sector rural para desarrollar todo el potencial de generar riquezas y oportunidades que tiene la agricultura, así como de contribuir a un desarrollo equilibrado y sustentable de nuestras economías.

Esta puede ser la mejor contribución a la reducción del hambre y a la pobreza en el mundo.

 

Muchas gracias por su atención

 

 

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