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HIPÓLITO MEJÍA PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DE LA REPÚBLICA

Discurso del Presidente Hipólito Mejia Conferencia de las

Naciones Unidas para el financiamiento del Desarrollo,

Monterrey Mexico

Excelentísimo Señor Vicente Fox, Presidente de la República Federal de México.

Excelentísimos Señores Presidentes y Jefes de Estado.

Excelentísimos Señores Cancilleres y Delegados.

Señoras y Señores:

Deseamos expresar nuestro agradecimiento al pueblo y al Gobierno de México, en la persona de su Presidente, Excelentísimo Don Vicente Fox, por la calurosa hospitalidad que nos han brindado en su hermoso país. Igualmente, felicitamos al Secretario General de las Naciones Unidas por haber hecho posible este importante encuentro.

 Esta Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo nos ofrece una oportunidad excepcional para reiterar el compromiso de nuestro país con los objetivos universales de reducir la pobreza, proteger el ambiente, promover la equidad de género y fomentar la prosperidad a través del intercambio comercial y la cooperación entre las naciones.

 
A pesar de los enormes flujos financieros que diariamente circulan a escala mundial, para la gran mayoría de la población de los países en vía de desarrollo, una de las más importante fuentes de financiamientos para mejorar la calidad de vida de los más pobres, lo sigue siendo la cooperación internacional y muy especialmente la banca bilateral y multilateral.

 
En sentido general, el impulso de los organismos internacionales al crecimiento económico está bien fundamento, sin embargo, el desafío presente es cómo hacer que todos los ciudadanos participen y reciban los beneficios de ese crecimiento. En otras palabras, que éste sea incluyente, equitativo y sustentable.

 
Por eso deseo compartir algunas ideas sobre financiamiento para la agricultura y el desarrollo rural como un tema estratégico que requiere ser puesto de nuevo en la lista de prioridades de los organismo internacionales, si verdaderamente queremos impulsar el desarrollo a partir de las capacidades internas de nuestras naciones, por ser estos sectores productivos los que inciden más directamente en la población necesitada de nuestros países.

 
La ausencia de inversión en la agricultura y el desarrollo rural de países, que como el nuestro, tiene un alto porcentaje de su población residiendo en el medio rural, ha mediatizado los esfuerzos encaminados a reducir la pobreza y mejorar la seguridad alimentaria y la sustentabilidad ambiental.

 
Ha sido también la causa principal del éxodo rural y la marginalidad generalizada en nuestras ciudades. A pesar de esa notable migración desde la zona rural a la urbana, se presenta la paradoja de que en mayoría de países en vía de desarrollo, la pobreza se ha reducido menos en la zona rural que en la urbana. Una posible explicación a este comportamiento podría encontrarse en la dramática reducción en el financiamiento al sector rural.

 

Mientras en las décadas de los setentas y los ochentas, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo dedicaron aproximadamente el 22% de su cartera de préstamos con América Latina y el Caribe a la Agricultura, en los noventas, se destinó sólo el 6.6% y la tendencia actual es a decaer aún más.

 
Esta caída estrepitosa del financiamiento a la actividad agrícola coincide plenamente con la afirmación de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) de que en la lucha contra la pobreza no se están logrando
resultados positivos en la población rural.

 
En América Latina y el Caribe, las actividades no agrícolas absorben el 29% del empleo rural, especialmente la mano de obra femenina la cual prefiere el trabajo fuera de la agricultura.

 
Por esta razón, sólo una visión multifuncional y renovada de la actividad rural, puede hacer posible un mayor grado de equidad y eficiencia en los resultados de las políticas y programas de inversión publica.

 
La República Dominicana ejerce en los actuales momentos la Presidencia de la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de los países ACP que reciben ayuda técnica y financiera de la Unión Europea.

 
Los propósitos de esta Conferencia son muy oportunos para expresar algunas ideas en nombre de los 78 Estados forman la comunidad de países ACP, los cuales constituyen las dos terceras partes de la Organización Mundial del Comercio y más de la mitad de los miembros de las Naciones Unidas.

 
En este diálogo por el desarrollo no podemos perder de vista que las severas restricciones financieras y las fuertes distorsiones en el funcionamiento de los mercados constituyen obstáculos, a veces insalvables, para alcanzar la competitividad de nuestras naciones. La renovación técnica y consecuentemente el mejoramiento de la productividad interna son pilares imprescindibles para fomentar la competitividad de los países ACP.

 
Pero este proceso requiere, como ningún otro, el apoyo y la cooperación del sistema financiero internacional para renovar y desarrollar la infraestructura productiva conformada por los sistemas de irrigación, sistemas de innovación y difusión de tecnologías, el crédito, obras viales e infraestructuras de comercialización. El financiamiento internacional debe contribuir a introducir en los países de potencial agropecuario, como es el caso de nuestro país y las naciones ACP, la nueva tecnología de cuya aplicación depende la competitividad de las economías en el mundo de hoy.

 
Los países ACP estamos abiertos a escuchar las recomendaciones de los organismos multilaterales de financiamiento para acordar programas de modernización de las estructuras del sector agropecuario a fin de hacerlo más eficiente y competitivo.
En el mundo está surgiendo una nueva agricultura intensiva y de precisión basada en el conocimiento. Esta agricultura se adapta muy bien a las condiciones de nuestros países, en los cuales la densidad poblacional amenaza la destrucción de sus recursos naturales y deterioro del medio ambiente. Las nuevas tecnologías agrícolas no sólo pueden ayudar a elevar la productividad de nuestras economías sino también a usar racional y eficientemente recursos escasos. La microtecnia como la fertirrigación computarizada, por ejemplo, permite aplicar con exactitud la cantidad de agua y fertilizantes que requiere cada planta de manera individual, con lo que se producen grandes ahorros de estos recursos y un mejor desarrollo de las plantas.

 
La agricultura de invernadero conjuntamente con la ingeniería genética permite que un pequeño productor rural con poca disponibilidad de tierra, en lugares de variados ambientes y ecología, usando materiales reproductivos de alto potencial, pueda producir toneladas de alimentos y generar niveles de ingresos más que aceptables.

 
El avance en los sistemas fitosanitarios de control biológico en el manejo integrado de plagas y el desarrollo de la biotecnología está permitiendo producción de alimentos cada vez más inocuos e inofensivos a la salud humana.

 
Se estima que para el año 2015, el 25% de la demanda de productos de origen agropecuario en los países desarrollados, será de producción orgánica.

 
Y, somos los países en desarrollo los que estamos en mejores condiciones de participar en este creciente mercado, el cual puede ser totalmente compatible con el uso sostenible de los recursos naturales y el medio ambiente.

 
Nuestra propuesta, en esta Conferencia es que volvamos a mirar el sector rural a través de su potencial para generar riquezas y oportunidades para un desarrollo equilibrado y sustentable de nuestras economías. El desarrollo de la industria forestal en sus diferentes vertientes, la agroindustria hortifrutícola, la industria láctea y cárnica, la acuacultura, la agricultura orgánica, el ecoturismo, y la microempresa rural, como la artesanía, son verdaderas oportunidades sobre las cuales reconstruir el progreso de nuestras naciones.

 
Para que la liberación y la integración comercial contribuyan al bienestar de nuestros pueblos es necesario que los sectores económicos tengan capacidad de respuestas productivas.

Y en muchos de nuestros países, la agricultura en su dimensión sistémica puede significar la respuesta productiva más oportuna en el corto y mediano plazo.

 Para el grupo de países ACP, la existencia de un sistema de comercio transparente y justo, sin excesivo proteccionismo que practican los grandes países desarrollados, es una condición importante para nuestro desarrollo.

 
Sólo con acuerdos justos y la garantía de que la mayoría de la población de nuestras naciones recibirá de forma palpable los beneficios de la apertura, se evitará que la globalización sea un fenómeno que profundice la pobreza y las dificultades de nuestros pueblos. La globalización debe ser un camino de doble vía y con señales claras y transparentes.

 
El grupo de países ACP está plenamente consciente de que la liberalización comercial debe llevarse a cabo de manera gradual y acompañada de un apoyo adecuado a los países en desarrollo.En tal virtud, es urgente que la agenda de las negociaciones multilaterales de comercio incluya la voluntad inequívoca del trato especial y diferenciado como principio fundamental para lograr una integración comercial equilibrada y armónica.

 
Para el grupo de países ACP, las iniciativas que buscan aliviar la carga de la deuda externa bilateral y su conversión en apoyos a los programas de desarrollo económico y social, tendrían un impacto altamente beneficioso en la lucha por disminuir pobreza en nuestras sociedades.

 

Señor Presidente:

Antes de terminar mi exposición deseo reiterar el llamado de nuestro país a la comunidad internacional para que ponga atención de manera particular a una Nación hermana, hermana de todos los pueblos de la Tierra por su vocación de libertad y de progreso. Me refiero a la República de Haití.

 

Es innegable que para muchos pueblos la democracia todavía es un ideal. Predicar la democracia, respetar y amar sus postulados, plasmar sus normas fundamentales en las constituciones, es muy importante y significa una voluntad política inspirada en el respecto a los derechos universales de la persona humana.

 

Ahora bien, de poco valen todas esos valores y actitudes sino se cuenta con el apoyo material y la inversión económica capaz de contribuir efectivamente a la consolidación de las instituciones públicas y privadas, a fin de que ese ideal pueda tornarse en oportunidades y beneficios para todos los ciudadanos.

 
Señores jefes de Estado y de Gobierno: La República de Haití y todo el pueblo haitiano, precisa de nuestro apoyo. No dilatemos más la respuesta que ese pueblo espera de todos nosotros.

Muchas gracias,

Hipólito Mejía

 

 

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