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Discurso del Excelentísimo señor Presidente de la República Dominicana Hipólito Mejía "Primer Aniversario del Gobierno".

Pueblo Dominicano:
El pasado 16 de agosto, cumplimos el primer año de gestión gubernamental.
En los días previos a esa fecha histórica de nuestra restauración, instruí a todos los funcionarios del Gobierno para que rindieran cuentas detalladas al país de su primer año de trabajo.

Hemos rendido cuentas de lo que hicimos y de lo mucho que nos falta por hacer. Algunos me comentaban que esas cuentas públicas estaban cargadas de muchos detalles.

En realidad creo que la gente merece esas explicaciones y las daremos cuantas veces sea necesario.
Con esas explicaciones mostramos con suficiente evidencia, que nuestra economía ha sido saneada y su estado de salud es muy bueno.

Pero nuestra mayor satisfacción es que logramos estos resultados en un período caracterizado por la pérdida de dinamismo de la economía mundial.
Desde mediados del año pasado, las economías más desarrolladas comenzaron a mostrar signos de estancamiento y en algunos casos de recesión, después de una década de crecimiento acelerado.

Como era de esperarse, esto se extendió al resto de los países del mundo, afectando el comercio, la inversión y el empleo.

Cuando ya se visualizaban signos alentadores de recuperación de la economía mundial, y la República Dominicana estaba lista para recibir la recompensa de su buen comportamiento macroeconómico, se producen los tristes y lamentables acontecimientos del 11 de septiembre.

Los actos terroristas acaecidos ese día en los Estados Unidos de América no tienen precedentes en la historia.

No hay palabras para calificar ese vil ataque a la población civil, que ha cobrado la vida de más de 6 mil personas y daños materiales incalculables.
Muchos de nuestros compatriotas han sido víctimas de esos atentados.
Hombres y mujeres que habían emigrado a ese gran país para trabajar duro y cumplir sus sueños de un futuro mejor.

Gente que dejó familias y amigos de toda la vida, como también la hermosa tierra que los vio nacer, para enfrentar una realidad diferente con el único propósito de luchar por el bienestar de los suyos.

Por eso nos sentimos conmovidos cuando oímos la noticia de los ataques y su magnitud. Oramos por la gente inocente que había muerto en esos actos irracionales
e inhumanos. También por sus familiares.

Nuestro Gobierno no vaciló en ningún momento en apoyar a los Estados Unidos de América en su nueva batalla contra el terrorismo.
Hay que erradicar ese mal que nos afecta a todos, sin distinción de raza, religión o credo político.


Dispuse también, que se enviara una misión del Gobierno Dominicano a los Estados Unidos y especialmente a la ciudad de Nueva York, para conocer de cerca los efectos causados por los atentados en la comunidad dominicana.
Queremos también que un número mayor de dominicanos viaje a su tierra este fin de año para reunirse con sus familias.

Esto les dará una oportunidad para encontrar un espacio de tranquilidad y paz, después del impacto sicológico que significó ver los símbolos de la ciudad donde viven y trabajan, derrumbarse y convertirse en la tumba de miles de inocentes.
Pero hay que seguir adelante. Tengo plena confianza en la capacidad del pueblo norteamericano para recuperarse rápido de esta crisis y retornar a la normalidad.
Tampoco tenemos dudas de que las medidas económicas adoptadas por el Gobierno y el Congreso de los Estados Unidos darán sus frutos en un corto plazo.

Esto permitirá que las remesas de los dominicanos que residen en los Estados Unidos de América, y que constituyen uno de los pilares de nuestra economía, no sean afectadas.

Lo mismo que nuestras exportaciones y flujos de capitales con ese país, que son determinantes en nuestra economía.
Ahora bien, nos encontramos en un momento de reflexión y lo primero que quiero pedirles es que nos unamos ante los nuevos retos que se avecinan.

Les hago un llamado sincero a todos los dominicanos, sin importar sus inclinaciones o simpatías políticas, para que dejemos de lado los combates en el frente político.
Igualmente, los cuestionamientos, muchas veces sin sentido, de todo cuanto sucede en el plano económico, social e institucional del país.

No podemos seguir politizándolo todo. No es momento para seguir profundizando nuestras diferencias.
Al final de cuentas, las causas de los males que tratamos de superar, son el producto de siglos de injusticias y desaciertos.

No es posible que en las circunstancias en que estamos viviendo, algunos sectores insensatos estén promoviendo y realizando huelgas.
O creando incertidumbres en el ambiente político con anuncios que intentan violentar la paz social que hoy disfrutamos.

Ahora más que nunca, tenemos que unir todas nuestras fuerzas para combatir y vencer el pesimismo y la frustración.
Estamos en el momento preciso para renovar nuestras esperanzas y fortalecer la confianza en nuestro país.

Quiero explicarles ahora las razones que tengo para ver el futuro con optimismo. Durante mi reciente viaje a Chile para asistir a la reunión del Grupo de Río, tuve la oportunidad de intercambiar experiencias y comparar realidades con otros 18
presidentes latinoamericanos y cientos de empresarios.

Déjenme decirles que de todos ellos recibí expresiones de admiración, confianza y respeto por la forma en que hemos sorteado nuestros problemas internos en medio de las turbulencias internacionales.


Hoy, a poco más de un año de Gobierno y coincidiendo con la crisis mundial que nos golpea, mostramos una estabilidad macroeconómica que muy pocos países pueden exhibir.

Para que tengamos conciencia de a qué me refiero cuando hablo de esa estabilidad, les ofreceré algunas informaciones importantes.
En primer lugar, hemos equilibrado las cuentas fiscales, y lo hicimos gracias a las medidas económicas que adoptamos a partir del mes de enero de este año.
Muchos de ustedes pensarán que el paquetazo económico fue demasiado rápido y que el paquetazo social ha ido demasiado lento. Tengo la misma sensación que ustedes.

Pero ahora nos corresponde cambiar esa situación. Y lo podemos prometer porque tenemos las condiciones para hacerlo si el entorno económico internacional nos favorece.

Lo que puedo asegurar es que si el ajuste se hubiera postergado o se hubiera hecho de manera gradual, hoy estuviéramos todos y en especial los sectores más pobres, pagando un alto costo social, político y económico, que el país ni su gente, estarían en condiciones de soportar.

Muestra de que hicimos lo correcto es que en el período abril-junio y después de la caída natural de la economía a raíz del programa de ajuste, logramos un crecimiento del Producto Interno Bruto de 1.8%.
Este crecimiento ha continuado en los meses de julio y agosto. Además, hemos acompañado ese crecimiento con una tasa de inflación acumulada al mes de agosto de sólo 3%.

En el período enero-junio, la balanza de pagos mostró resultados positivos en 56.7 millones de dólares, cuando en el mismo período del pasado año este balance alcanzó un déficit de 151.3 millones de dólares, indicando una mejoría de 208 millones de dólares.

Igualmente, el déficit de cuenta corriente ascendió a 2.3% del PIB, mucho menor al déficit arrojado en igual período del año 2000, que llegó a 5.1%.
Por su parte, el Banco Central mantuvo una prudente política monetaria que evitó fluctuaciones en la tasa de cambio.

Esto permitió, que sin presiones sobre el mercado de divisas, alcanzáramos una reserva bruta al cierre del mes de agosto de 883.5 millones de dólares, cuando en agosto del 2000, estaba sólo en 595.5 millones.

Las reservas internacionales netas que recibimos apenas alcanzaban los 197.3 millones de dólares, cifra insignificante que ponía en peligro la estabilidad.
Al mes de agosto pasado estas reservas habían aumentado a 528.5 millones de dólares.

Esta recuperación de las reservas internacionales junto a la devolución de los certificados de participación del Banco Central, produjo un aumento de la liquidez bancaria que indujo a una baja importante en la tasa de interés.
De febrero pasado a esta fecha, la reducción alcanza los 6 puntos porcentuales.
Esta rebaja significa el acceso a créditos más baratos, lo que redundará en un mayor dinamismo de la economía.

En cuanto al manejo presupuestario, el Gobierno ha mantenido una disciplina ejemplar. En el período enero-junio se obtuvo un superávit de 4 mil 425 millones de pesos, que fueron destinados casi en su totalidad al pago de la deuda pública
externa e interna.

Pero también hemos pagado muchas deudas viejas.Deudas a los productores agropecuarios, deudas al comercio, deudas a los trabajadores del CEA, deudas a los generadores y distribuidores de energía, deudas a contratistas, deudas a suplidores.
Este Gobierno heredó deudas en todas partes y de todas las épocas.
Pagamos bonos de la Reforma Agraria emitidos hace más de 30 años, los bonos del Huracán David y Federico y estamos procediendo al pago de otros bonos por valor aproximado de 150 millones de pesos.

Estos pagos de viejas deudas han significado una erogación superior a los mil 300 millones de pesos en lo que va de año.
Más importante aún es que en nuestra gestión gubernamental, no se ha recurrido al financiamiento del Banco Central para cubrir la deuda externa ni se ha emitido un solo peso inorgánico.

Esto último no se había visto en los pasados 28 años. Esa disciplina macroeconómica ya ha dado sus frutos. Tal como se anunció el pasado 28 de agosto, la Agencia Internacional Calificadora de Riesgos, Moody’s, mejoró en dos tramos la calificación de riesgo país, así como de los bonos emitidos por el Gobierno y de los depósitos bancarios en moneda extranjera.

Nos colocamos al nivel de Colombia y superamos a Brasil, Perú, Jamaica y Venezuela. Pero unas semanas después, la Standard and Poor´s, otra Agencia Calificadora de Riesgos, hizo lo mismo, mejorando nuestra calificación en los mercados financieros internacionales.

Estas fueron grandes noticias, no sólo para el Gobierno sino también para el sector privado dominicano, que tendrá mayores posibilidades de acudir a los mercados de acciones y bonos, así como obtener créditos en el extranjero a tasas de interés más bajas.

Pero la culminación de este esfuerzo se coronó con la colocación de los 500 millones de dólares de los Bonos Soberanos a una tasa de 9.5%.
Esto sucedió, apenas una semana después de los dramáticos acontecimientos del 11 de septiembre en los Estados Unidos de América.

Fuimos el primer país emergente en colocar bonos soberanos en los mercados financieros internacionales, cuando aún existía un clima de gran incertidumbre en todo el mundo.


Para que se tenga una idea del éxito de la colocación realizada por la República Dominicana, ese mismo día la provincia de Buenos Aires realizó una colocación de bonos de 74 millones de dólares a 25.46%.

Esa es una muestra de confianza en la economía dominicana que sobrepasa cualquier expectativa. La entrada de estos recursos nos permitirá cerrar este año con reservas internacionales netas superiores a los mil millones de dólares, colocando al
país en una posición sólida para soportar cualquier coyuntura que eventualmente nos pueda afectar.


Por eso, debemos sentirnos optimistas, ya que cuando comience la recuperación económica mundial, estaremos entre los pocos países que contarán con las condiciones necesarias para aprovechar al máximo las bonanzas que ella ofrece.
Pero eso no es todo. Esa credibilidad internacional en nuestro Gobierno, ha sido determinada en gran medida, por la forma en que hemos combinado un crecimiento moderado pero sano, con una fuerte estabilidad económica y una política articulada de combate a la pobreza.

Normalmente, este es un resultado difícil de alcanzar en el tumultuoso entorno internacional en que nos hemos desenvuelto en el último año.
Pueblo dominicano, la lucha contra la pobreza ha sido un hecho real en este Gobierno.

Con todas las restricciones presupuestarias que hemos tenido en este primer año, sumado a la disciplina macroeconómica que adoptamos, no puedo más que decir, que el Gobierno ha llevado sus esfuerzos hasta el límite de sus posibilidades, para
concentrar sus recursos en proyectos de inversión social y de combate a la pobreza.
Pero reconozco que aún estoy en deuda con ustedes porque muchas de sus expectativas no han sido satisfechas.


Por eso estoy decidido a comenzar este segundo año de Gobierno con un fuerte programa de inversiones públicas que impulse la economía y afiance su estabilidad.
En lo inmediato, estoy disponiendo que todos los programas que se están ejecutando con financiamiento externo sean revisados, para acelerar los desembolsos y adecuarlos al período de vigencia de los contratos.

Igualmente, en común acuerdo con los organismos financieros, revisaremos la programación de los recursos que están pendientes de desembolsos para acelerar su ejecución.

Muchas veces estos desembolsos se paralizan por requisitos excesivos de las instituciones nacionales e internacionales, con elevados costos financieros para el
país, lo que no se compadece con las circunstancias actuales en que vivimos.

Programas que deben ejecutarse en 4 años se ejecutan en 8, con la agravante de que las circunstancias en que estos programas fueron diseñados, son totalmente diferentes a las que existen actualmente.

En el caso de los nuevos proyectos con financiamiento externo, que han sido aprobados por el Congreso Nacional en los últimos meses, se requiere también de un gran esfuerzo para que no duerman el sueño eterno en los escritorios de los
burócratas.

Adoptaremos medidas especiales para que estos proyectos inicien su ejecución lo antes posible.
En cuanto a los bonos soberanos, he asumido personalmente el control de estos recursos confiando en que la Comisión creada en la propia Ley de Bonos, asuma su función asesora para garantizar que cada dólar invertido tenga un retorno mayor a
su costo financiero.

Este año invertiremos de esos recursos alrededor de 150 millones de dólares o sea unos 2,500 millones de pesos en obras prioritarias que crearán empleos y dinamizarán la economía dominicana.

El próximo año seguiremos el mismo ritmo de inversiones con los recursos de los Bonos Soberanos, alcanzando los 5 mil millones de pesos, a lo que se adiciona una cifra, más o menos similar, de otros programas con recursos externos que entrarán
en plena fase de ejecución.

Estos sectores son: la educación, la cultura, la salud, la vivienda, el agua potable, elturismo, las zonas francas, la energía, el deporte, la alimentación y caminos vecinales y carreteras.

En el sector educación quiero resaltar el proyecto de Educación Técnico Vocacional que contará con una inversión de 50 millones de dólares.

Con el Programa Sectorial Social por 200 millones de dólares que financia el BID, se rehabilitará una buena parte de las instalaciones escolares y los centros de salud para la atención primaria.

Este préstamo de rápido desembolso, permitirá el ingreso de 80 millones de dólares tan pronto sea aprobado por el Congreso Nacional. El próximo mes se iniciará el proyecto de lucha contra el SIDA, con un financiamiento de 25 millones de dólares del Banco Mundial.  Además, se cuenta con un financiamiento aprobado para la construcción de 20 nuevos hospitales totalmente equipados que adicionarán 2,400 camas.

En vivienda, con un financiamiento externo disponible de 25 millones de dólares, se rehabilitarán más de 60 mil viviendas en todo el país sin contar otros recursos externos e internos que se canalizarán a este sector.
En agua potable, sólo me referiré a dos grandes proyectos cuyo financiamiento está asegurado.

El primero es la continuación del acueducto de la Zona Oriental de Santo Domingo, a un costo de mil 400 millones de pesos, que tiene un avance de 40% en su ejecución.
Este proyecto beneficiará a una población de 1.3 millones de habitantes, durante un periodo de más de 20 años.

El segundo, es el acueducto de la Línea Noroeste a un costo superior a los dos mil millones de pesos que iniciaremos muy pronto. Este proyecto, a un costo de 2 mil 500 millones de pesos, beneficiará a las 4 provincias de esa región y al Municipio de Navarrete, con una población de más de 500 mil habitantes.

Con los 8 mil millones de pesos que se presupuestaron este año para el área social, sin incluir el presupuesto asignado a las Secretarias de Educación y Salud, podemos hacer mucho más si elevamos la eficiencia de su ejecución.

Por esa razón, estoy disponiendo que en el presupuesto del 2002, se realicen cambios profundos en los criterios de asignación de recursos, lo que afectará a muchas instituciones del área social que actúan en forma dispersa y con resultados
pocos visibles.

Dentro de ese contexto, estamos fortaleciendo el Plan Presidencial de Lucha Contra la Pobreza y dándole al Gabinete Social, un rol mucho más fuerte y decisivo en materia de inversión en el área social.

Esta integración de esfuerzos en el combate a la pobreza, se extenderá a nivel de las provincias y municipios del país con la activa participación de los Gobernadores, Síndicos, Ayudantes Civiles, Inspectores e Intendentes de la Presidencia. Pero también con la participación del pueblo. No creo que en el pasado haya existido un Gobierno que le ofrezca a la gente un espacio tan amplio de participación como éste.

En nuestro primer año realizamos 19 Consejos de Gobierno en igual número de provincias y 3 en el Distrito Nacional, donde asistieron miles de personas de todos las comunidades para exponer sus necesidades y demandas.
Esta consulta popular reafirma nuestro lema: Un Gobierno al Servicio de la Gente, y cobra vida en cada rincón del país con una obra, un proyecto o una actividad.

Los operativos sociales y los mercados populares del INESPRE, que se realizan cada semana en barrios y municipios de todo el país, es otro ejemplo de lo que estoy diciendo y que ustedes han podido comprobar cuando asisten a comprar su comida
más barata o a recibir medicina y atención médica gratuita.
También cuando el INVI e INAVI le reparan sus casas o le suministran materiales de construcción para cambiar su techo o sus paredes.

Esto ha sido posible gracias al saneamiento a que han sido sometidas muchas instituciones del Gobierno, como es el caso de INESPRE, donde de 5,900 empleados se redujo a 1,800 y se pagaron deudas a productores por 630 millones de pesos.
Hemos llevado lo esencial a las familias dominicanas. La comida, la salud y la vivienda.

Pero también hemos llevado la cultura, el deporte, la atención a las madres embarazadas y a los niños y niñas recién nacidos. El programa de microcrédito familiar, que acompaña estas acciones de asistencia social, ha permitido que se multipliquen los pequeños negocios creando miles de empleos donde antes no existían medios sostenibles para vivir.

Por eso es tan importante continuar haciendo estos operativos sociales el resto del año y el próximo, y si es necesario, durante toda nuestra gestión, porque son servicios que llegan al corazón del pueblo, llegan a los pobres y son un medio efectivo para mitigar la pobreza.

Como ustedes recordarán, en mi discurso de febrero pasado anuncié un programa que llamó mucho la atención. Me refiero a la ayuda escolar de 300 pesos mensuales.

Quiero anunciarle al país, que a partir de este mes de octubre este programa arrancará con las primeras 25 mil familias que recibirán dicho aporte en las escuelas.

Con el compromiso de sus hijos permanezcan estudiando en ellas. Es un compromiso del Gobierno con las familias pobres y de las familias con sus hijos. Gradualmente iremos incrementado el número de familias beneficiarias hasta alcanzar la meta que nos propusimos.

Las mujeres dominicanas entenderán porqué le doy tanta importancia a un programa como éste. Son ellas las que soportan el peso de la familia, de los hijos y de una sociedad que no reconoce todos sus derechos.

Por eso dedicaré mayores esfuerzos y anunciaré nuevas medidas sociales para que la mujer reciba la cuota que le corresponde por su contribución al desarrollo económico y social del país. De todas formas, debo enfatizar que la mayor prioridad de nuestra política social es generar nuevos empleos. La reparación de viviendas, la limpieza de cañadas, el arreglo de las calles y aceras, el saneamiento ambiental en los barrios, el desarrollo rural, la dotación de agua potable y los pequeños créditos familiares, se han constituido en los pilares de nuestro plan de lucha contra la pobreza.

Sin embargo, para que una política de generación de empleo sea eficaz y sostenible tenemos que promover la inversión privada. En cada viaje al exterior que he realizado, mi principal atención la he puesto en atraer capitales frescos a nuestro país.

Igualmente, en abrir nuevos mercados para nuestros productos a través de la ampliación de nuestras relaciones diplomáticas y tratados de libre comercio. La inversión extranjera es sensible a los marcos legales y regulatorios de cada país.
Nadie invierte donde no hay reglas claras.

Por eso, hemos realizado un gran esfuerzo para promulgar varias leyes que tenían años en discusión o estaban engavetadas. Tal es el caso de la Ley de Hidrocarburos. Las leyes de Reforma Tributaria y Arancelaria. La Ley de Seguridad Social. La Ley General de Electricidad. Los Acuerdos de Libre Comercio con Centroamérica y el CARICOM, la Ley General de Salud, la Ley que crea la Secretaria de Educación Superior, Ciencia y Tecnología y la Ley de Medio Ambiente.

Quiero anunciar también, que en las próximas semanas estaré sometiendo a la consideración del Congreso Nacional, el proyecto del Código Monetario y Financiero, que le otorgará independencia y autonomía plena al Banco Central de la República
Dominicana.

Con estos nuevos marcos regulatorios, el país estará en mejores condiciones de competir, de seguir atrayendo inversión externa y de cumplir las exigencias de los mercados internacionales.

Como resultado de estas acciones, obtuvimos algo que muy pocos países lograron en un año de dificultades económicas en gran parte del mundo, como es el aumento de la inversión extranjera directa en un 21.4% respecto al mismo período del año anterior.
O sea, podríamos pasar de 976 millones de dólares registrados en el año 2000, a cerca de mil 200 millones de dólares invertidos al final de este año.
Pero esta inversión crecerá en el futuro. Por ejemplo, hemos firmado un convenio para el Proyecto de Desarrollo de la Zona de Manzanillo, en Monte Cristi, se invertirán importantes recursos.

De igual manera, se han emitido en los últimos meses 94 nuevos permisos para la instalación de empresas de zonas francas en diversas áreas, que generarán 16,200 empleos y divisas por 75 millones de dólares anuales.
Pero las inversiones en turismo no se quedan atrás. En Puerto Plata hay varios proyectos de inversión en proceso para la construcción de un puerto para cruceros, una planta de tratamiento de agua, un Parque Acuático y varios proyectos
hoteleros.

Tengo la convicción que hemos dado un gran paso para reactivar la economía, aunque creo que todavía es insuficiente. Por eso, nos hemos planteado tres objetivos estratégicos importantes, que complementan estos esfuerzos.

Primero, nos proponemos congelar el nivel de gastos corrientes del Gobierno en el presupuesto del 2002. Esta medida implicará más austeridad en el quehacer institucional del Gobierno Central y de las instituciones descentralizadas, así como una asignación más eficiente de los recursos para la inversión social y productiva.
Segundo, lanzaremos un amplio programa de inversiones públicas que será financiado con los recursos de los Bonos Soberanos y de otras fuentes externas que están disponibles.

Ya dimos los detalles de ese plan y de las medidas que adoptaremos para ejecutar estos recursos con más rapidez y eficiencia.
En tercer lugar, atacaremos las raíces que encarecen el entorno económico en que se desenvuelven nuestros empresarios y tomaremos medidas para corregir muchas de las distorsiones que aún persisten.
Una de las mayores dificultades que enfrenta el sector productivo, es el deficiente suministro de energía eléctrica, que eleva los costos financieros y reduce la rentabilidad de las empresas.

Después de mi mensaje a la Nación sobre el sector eléctrico, el pasado mes de agosto, quiero informarle al país que ya disponemos

 

 

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