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Discurso del Excelentísimo señor Presidente de la República 27 de febrero 2001 "Memorias correspondientes al ejercicio gubernamental que cubre el pasado año 2000".


Señora Vicepresidenta de la República, Doctora Milagros Ortiz Bosch,

Señor Presidente de la Asamblea Nacional, Ingeniero Ramón Alburquerque,

Señora Presidenta de la Cámara de Diputados, Doctora Rafaela Alburquerque

Señores Miembros del Congreso Nacional,

Señor Presidente de la Suprema Corte de Justicia, Doctor Jorge Subero Issa,

Honorables Señores Miembros del Cuerpo Diplomático y Consular,

Altos Funcionarios de la Nación, Civiles y Militares

Señores Invitados e Invitadas Especiales,

 

Señoras y Señores:

Comparezco ante la Nación dominicana, representada dignamente por esta Asamblea Nacional, para depositar las memorias correspondientes al ejercicio gubernamental que cubre el pasado año 2000.


El período que recién finaliza fue de grandes transformaciones, incluyendo un cambio de administración gubernamental, por lo tanto me limitaré en este mensaje a reseñar solamente algunos de los aspectos más relevantes de la situación económica y financiera que encontramos al asumir el poder el 16 de agosto pasado, así como a mencionar las medidas más importantes que adoptamos para evitar que la economía cayera en un colapso de imprevisibles consecuencias.


Esas medidas las adoptamos dentro de una filosofía política que tiene como meta fundamental el desarrollo sostenible, la mitigación de la pobreza y el crecimiento económico con rostro humano.
Al llegar al gobierno prometimos que haríamos un particular esfuerzo para estimular la producción nacional, con marcado acento en la recuperación agropecuaria, que serían revalorizados los programas e inversiones en educación, salud y vivienda; y que adoptaríamos una opción preferencial por los pobres, con el propósito de mejorar drásticamente sus condiciones de vida.


Poner la gente primero ha sido y es el centro de nuestras preocupaciones y trabajo.
En cada obra, en cada acción de nuestro Gobierno, puede verse con claridad que no actuamos para servirnos personalmente del presupuesto, sino para devolverle al pueblo los recursos que la sociedad aporta a través de los impuestos.


Al rendir este informe a la Nación, no puedo dejar de lado la necesidad de diferenciar la naturaleza y efectos de la gestión gubernamental entre enero y agosto y los cuatro meses y medio en que nos ha tocado dirigir los destinos del país en el pasado año 2000.


En el primer semestre del año pasado, las anteriores autoridades adoptaron una política caracterizada por gastos e inversiones desvinculadas de los ingresos reales y de las capacidades financieras del Estado.


La prudencia en la ejecución presupuestal brilló por su ausencia y el gobierno anterior comprometió los ingresos y ahorros futuros de los dominicanos, creando una situación de aparente bonanza que algunos bautizaron alegremente como el milagro
económico dominicano.


Lamentablemente la ilusión de ese llamado "milagro económico" terminó abruptamente cuando se produjo el cambio de Gobierno y hubo que sincerar las cifras del erario.

 
Entonces tuvimos que confrontar la enorme tarea de resolver el déficit público que heredamos, que el Gobierno anterior bautizó como "faltantes" y dedicarnos a poner al día los precios del petróleo y sus derivados y cubrir los créditos desmesurados que otorgaron al gobierno el Banco de Reservas y el Banco Central.

 
Además de esos compromisos, tuvimos que ocuparnos en otras tareas esenciales como trabajar con el Senado y la Cámara de Diputados para encauzar las reformas tributarias fallidas, que el Gobierno anterior fue incapaz de consensuar para obtener
la aprobación legislativa.

 
Nos esperaba un enorme cúmulo de leyes y acuerdos, como los de libre comercio con Centroamérica y CARICOM, así como numerosas leyes necesarias para viabilizar la modernización y las reformas estructurales tan esperadas e indispensables para
organizar y actualizar el Estado, y continuar desarrollando la sociedad dominicana y sus instituciones.


Tal vez sea muy temprano todavía para hacer un balance definitivo de la administración pública en el período de enero a agosto del 2000 y quizás nunca lleguemos a disponer de los datos reales y los efectos de las cosas que se hicieron y de las que no se hicieron en los años en que gobernó el Partido de la Liberación Dominicana, pues muchos documentos y archivos fueron borrados o sustraídos por los anteriores funcionarios.

 
Para hacer frente a la corrupción en el manejo de los recursos del Estado y a los posibles actos de prevaricación y dolo en el manejo de los mismos, hemos alentado la transparencia en el uso de los fondos públicos, así como la persecución de cualquier inconducta reñida con la ética administrativa, tanto del pasado como del presente.

 
Se trata de restablecer la decencia en la administración pública, y para reforzarla, pongo mi propia conducta como ejemplo de esta prédica de hechos, más que de palabras.

A pesar de todo, tenemos algunos datos económicos a los cuales nos referiremos.
Por ejemplo, la deuda interna vencida al 16 de agosto pasado, alcanzó alrededor de los 25 mil millones de pesos y el déficit de la cuenta corriente llegó a finales de septiembre a 852.7 millones de dólares, equivalentes al 6.7% del producto interno
bruto.

 
Hay otros datos de interés que ya son del dominio público, como la adopción de una política monetaria que restringió el crédito bancario y llevó las tasas de interés promedio a cerca de un 30%.

 
Asimismo encontramos la suma de 6 mil 370 millones de pesos que habían sido emitidos en certificados de participación del Banco Central, colocados para reducir la liquidez bancaria y compensar el desmesurado gasto público y controlar la tasa de
cambio.

 
Cuando recibimos el gobierno, en agosto del año pasado, las reservas internacionales netas del Banco Central, habían bajado a la cifra de sólo 197.3 millones de dólares, mientras el servicio de la deuda pública externa del gobierno, proyectado para el 2001 era de 10 mil 400 millones de pesos.

 
Las obras públicas iniciadas y terminadas por el gobierno del PLD se concentraron en unos cuantos megaproyectos en tres avenidas de la capital, siendo ejecutados éstos por un reducido número de contratistas.

 
Discurso del Excelentísimo señor Presidente de la República 27 de febrero 2001 "Memorias correspondientes al ejercicio gubernamental que cubre el pasado año 2000".

 
En estas obras se concentró la inversión, provocando un desequilibrio notorio en la distribución de los recursos fiscales que debieron beneficiar a los habitantes de todas las comunidades del país y no a unos pocos privilegiados.

 
Estos datos, para citar sólo unos cuantos, ofrecen una idea de la onerosa y precaria situación en que encontramos las finanzas públicas al inicio de nuestra gestión.
La herencia del pasado inmediato condicionó y restringió severamente nuestra acción en la administración pública.

 
Tuvimos que centrar nuestros esfuerzos en eliminar los déficits existentes, en reducir las deudas acumuladas y en restablecer la normalidad en las cuentas con el Banco Central y el Banco de Reservas.

 
Esos primeros meses tuvimos que dedicarlos a trabajar para restañar las heridas que dejó abiertas en el tejido institucional y financiero de la nación una administración que olvidó las más elementales normas de prudencia para manejar los ingresos
fiscales y el gasto público.

 
Eso nos llevó a reconocer que para atender la delicada crisis financiera teníamos que asumir con prontitud y energía una profunda cirugía fiscal y monetaria y teníamos asimismo que imponer una mayor disciplina fiscal y un ajuste tributario para
restablecer el equilibrio global de las finanzas públicas y la estabilidad macroeconómica.

 
Al mismo tiempo que estábamos urgidos en restaurar la viabilidad de las finanzas públicas, teníamos un serio deterioro en la estabilidad del suministro de energía eléctrica, acompañado de un incremento creciente y sostenido en los costos de
generación.

 
El aumento de los precios internacionales del petróleo y el auge de las importaciones han venido constituyendo dos factores de enorme peso en las presiones sobre nuestra Balanza de Pagos, y consecuentemente, en la demanda de dólares para
satisfacer los requerimientos de pagos en el exterior.

 
Restablecer el equilibrio macroeconómico, reducir la abultada deuda externa e interna, pagar deudas del Estado sobradamente vencidas, atender los compromisos de pago en dólares que representan el servicio de la deuda externa, el petróleo y un
incremento anual del 20% en las importaciones, devolver al Banco Central y al Banco de Reservas los recursos extraídos más allá de todo ejercicio de prudencia financiera, hubiesen sido suficientes para acorralarnos y condenarnos a la inacción.

Las obras y acciones propias de este Gobierno las comenzamos al día siguiente de nuestra toma de posesión en la Corporación Dominicana de Electricidad, en el barrio Cristo Rey de Santo Domingo.

 

Días después continuamos en Azua, La Vega e Higüey, desde entonces no nos hemos dado reposo, para continuar llevando soluciones a las necesidades de todas las comunidades del país y hemos avanzando con tesón y firmeza.

 
Estamos trabajando para estirar el presupuesto lo más que se pueda dentro de las limitaciones en proceso de superación y hemos venido atendiendo las necesidades de todas las comunidades del país en la medida en que las disponibilidades presupuestarias del gobierno lo permiten.

 
Fruto de una reorientación del gasto presupuestal se incrementaron las inversiones en salud en un 9.8% y en el sector agropecuario en un 53.3%.
Esta última cifra por sí sola, es un claro mensaje de aliento y respaldo a los agricultores y ganaderos que por años han visto sus aspiraciones económicas desconocidas y postergadas.

 
Al concluir el año 2000 finalizamos 161 proyectos, principalmente de carácter social, con una inversión de 613 millones de pesos. Hemos continuado y dado inicio a otros mil 100 proyectos en todo el territorio nacional con una inversión superior a los 32 mil millones de pesos.

 
Próximamente Iniciaremos varios proyectos con recursos externos por un valor de 241.5 millones de dólares, lo que equivale a más de 4 mil millones de pesos. Estos ya han sido sometidos al Congreso Nacional para su conocimiento.
Con la reactivación de los financiamientos que estaban detenidos por falta de contrapartida, estamos resolviendo la paralización de numerosos proyectos de interés nacional y estamos recuperando la credibilidad del gobierno dominicano ante organismos internacionales de cooperación.

 
Al asumir los compromisos del Estado como algo que trasciende un período de gobierno o los intereses de un partido, estamos estableciendo la confiabilidad entre gobiernos, empresas e inversionistas locales y extranjeros.

 
Discurso del Excelentísimo señor Presidente de la República 27 de febrero 2001 "Memorias correspondientes al ejercicio gubernamental que cubre el pasado año 2000".

 
Esa reactivación de la inversión económica se está traduciendo en una renovada esperanza para la creación de nuevos puestos de trabajo que es la más auténtica herramienta de lucha contra la pobreza.

 
Si bien en mi gestión jamás se pondrá en peligro la estabilidad macroeconómica, ni el apoyo irrestricto a los sectores productivos que generan empleo y elevan la riqueza de nuestra nación, no voy a olvidar que mi principal compromiso es
aumentar el gasto social destinado a los pobres.

 
Nosotros estamos comenzando a pagar la gran deuda social que el Estado ha acumulado con aquellos que no tienen nada. Y no vacilo en afirmar que pretendo ser la voz de aquellos que no tienen participación ni voz para ejercer el derecho de incorporarse efectivamente a los beneficios del progreso económico.

También hemos sido coherentes sobre nuestras grandes prioridades enunciadas en el programa de gobierno del Partido Revolucionario Dominicano. La educación, la salud, la alimentación, la vivienda, el turismo, la protección del medio ambiente y los recursos naturales, la reforma y modernización del Estado, y la consolidación del poder judicial y demás poderes del Estado, todos son ejes estratégicos sobre los que descansa nuestra acción gubernamental.

 
Entre las prioridades que han sido rescatadas en el año que recién termina tenemos que destacar el turismo, una actividad de alto interés nacional y con un fuerte efecto en la creación de empleos y en la demanda de insumos y servicios nacionales.

El respaldo al turismo ha contado y contará con nuestro más decidido apoyo.

 
El deporte también ha sido respaldado a pesar de las controversias generadas en torno a uno de los más ambiciosos proyectos de este género emprendidos en los últimos 25 años.


Le pido a Dios que nos ilumine para que este deseo se haga realidad. También le pido al Pueblo Dominicano, en un día como hoy, de gran significación para nuestro país, que aunemos esfuerzos en la lucha contra la pobreza para que se hagan
realidad los ideales de nuestros Padres de la Patria.

 
Cuando apelo al pueblo, quiero decir también a la familia dominicana, institución sin cuyo fortalecimiento no podemos hablar de un genuino progreso social.

Finalmente, señoras y señores, deseo destacar que las memorias depositadas en el Congreso Nacional y el informe de obras, proyectos y acciones del 16 de agosto a diciembre del 2000, están a la disposición de todo aquél que quiera conocer en
detalle la gestión del Gobierno Dominicano durante el año 2000.

 
Extiendo un cálido reconocimiento al Congreso Nacional por la notable labor legislativa desplegada en el año fiscal recién pasado, así como a la Suprema Corte de Justicia por sus empeños en hacer más eficiente y digna la administración de justicia
e igualmente a la Junta Central Electoral por sus esfuerzos a favor del fortalecimiento del sistema electoral dominicano.

 
Sin la colaboración de estos poderes, el Poder Ejecutivo que represento por mandato del pueblo, no habría podido rescatar nuestras finanzas públicas y nuestro crédito como nación, ni habríamos podido relanzar los programas de desarrollo en la forma vigorosa en que lo hemos hecho.

 

Creo que la democracia dominicana se encuentra hoy más que nunca garantizada por la separación y el respeto de los poderes públicos y por la confianza que inspiran los hombres y mujeres que dirigen los diferentes estamentos del Estado y la sociedad dominicana.


Esa democracia ha sido obra de todos y el propósito que ha mantenido unida a esta nación desde hace más de cuarenta años.

 
Con la democracia y las libertades que ella garantiza, estamos comprometidos ciudadanos y gobernantes, para asegurar que los frutos del desarrollo económico lleguen equitativamente a todos los dominicanos. Para lograr esa meta seguiremos auspiciando al dialogo, la concertación, y el consenso aunque ello conlleve el retraso de nuestros planes y decisiones. Estos son los medios para fortalecer la democracia.

Exhorto pues a toda la nación a que actuemos solidariamente por el fortalecimiento de nuestras libertades, con especial referencia a los derechos humanos. Ese es nuestro compromiso con el pueblo que nos eligió y con nuestra conciencia.  El Señor ha puesto sobre nuestros hombros la responsabilidad de dirigir los destinos de esta gran Nación y estamos seguros que con su ayuda la cumpliremos.



Pido a Dios que nos bendiga a todos en esta gloriosa fiesta aniversaria de la Patria, la más significativa que regalaran a la posteridad Duarte, Sánchez y Mella, los inspiradores de la Dominicanidad.

¡Viva la República Dominicana!

¡Gracias mil !

27 de febrero de 2001

 

 

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